Trump volvió a encender la polémica por Groenlandia con publicaciones en Truth Social hechas con inteligencia artificial, donde se muestra anexando la isla al territorio de Estados Unidos. Las imágenes desataron marchas multitudinarias en Dinamarca y Groenlandia, reavivaron la tensión diplomática con Europa y expusieron nuevas fisuras entre aliados occidentales por el futuro del Ártico.
Donald Trump colocó otra vez a Groenlandia en el centro del mapa mundial al publicar en su red Truth Social una serie de imágenes generadas por inteligencia artificial donde se lo ve apropiándose simbólicamente del territorio. Mientras el presidente estadounidense insiste en mostrar a la isla como posible parte de Estados Unidos, miles de personas en Dinamarca y Groenlandia salieron a las calles con carteles que repiten el mismo mensaje: “Groenlandia no está en venta” y que el territorio sigue siendo parte del Reino de Dinamarca.
Las publicaciones de Trump, que incluyen escenas montadas con IA y referencias directas a una supuesta anexión, llegaron acompañadas por presiones comerciales, contactos diplomáticos y la filtración de mensajes privados de líderes europeos. El episodio, que escala una vieja disputa por el Ártico, se transformó en una tendencia global en redes sociales y volvió a poner bajo la lupa la estrategia del mandatario frente a aliados históricos y rivales geopolíticos.
En paralelo, desde el gobierno de Groenlandia se reiteró públicamente que la población de la isla no busca convertirse en estado de la Unión ni desligarse del Reino de Dinamarca, mientras otros actores internacionales miran de cerca el conflicto por un territorio considerado clave por sus recursos naturales y su ubicación estratégica.
Trump usa IA para mostrar a Groenlandia como territorio estadounidense
La pieza que más repercusión generó muestra a Trump posando sobre un paisaje helado de Groenlandia, junto al vicepresidente JD Vance y al secretario de Estado Marco Rubio. En la recreación se ve la bandera de Estados Unidos plantada en el hielo y un cartel que declara a la isla como “territorio de Estados Unidos, establecido en 2026”. La escena, producida con inteligencia artificial, presenta una anexión simbólica que no existe en la realidad pero circula masivamente en redes.
Esa imagen no fue la única. En otra composición, también difundida en su cuenta de Truth Social, Trump aparece en un espacio que imita al Despacho Oval, rodeado de dirigentes europeos. Sobre la pared se observa un mapa en el que Groenlandia, Canadá y Venezuela figuran bajo la bandera estadounidense. El paquete de contenidos digitales construye la idea de un control ampliado de Washington sobre territorios estratégicos.
Estas publicaciones forman parte de una estrategia comunicacional más amplia que combina símbolos visuales, mensajes nacionalistas y presión externa. Según el propio Trump, las imágenes se lanzaron en simultáneo con llamados a líderes de la OTAN para remarcar la supuesta importancia de Groenlandia para la “seguridad nacional y mundial” de Estados Unidos, lo que amplificó aún más el impacto político de las piezas generadas con IA.
El presidente estadounidense aseguró que mantuvo conversaciones telefónicas con figuras de la alianza atlántica, incluido el secretario general Mark Rutte, y que esos intercambios habrían sido “muy positivos”. Además, adelantó que planea seguir con el tema en el Foro Económico Mundial de Davos, donde pretende discutir la cuestión groenlandesa con representantes europeos y reforzar su discurso frente a cámaras y audiencias globales.
Masivas protestas frente al avance del relato de Trump
Mientras las publicaciones de Trump se multiplicaban en redes, en Dinamarca y Groenlandia crecían las manifestaciones. En distintas ciudades, miles de personas se movilizaron con banderas, tambores y pancartas en defensa de la soberanía de la isla. El lema más repetido, “Groenlandia no está en venta”, se convirtió en consigna central de las marchas y en frase viral en redes sociales.
La primera ministra de Groenlandia intervino públicamente para remarcar que el territorio “no está en venta” y que la población no tiene intenciones de integrarse a Estados Unidos. A la vez, recordó que Groenlandia forma parte del Reino de Dinamarca, señal que buscó cerrar cualquier espacio a negociaciones de compraventa o anexión, al menos desde la perspectiva oficial de Copenhague y Nuuk.
En Europa, las acciones del mandatario norteamericano recibieron fuertes críticas desde distintos sectores políticos y sociales. Voces danesas y groenlandesas insistieron en que la isla mantiene su vínculo con la Corona danesa y que no hay respaldo popular a un cambio de estatus. Las marchas, además, reflejaron preocupación por el uso de imágenes manipuladas y la difusión de contenidos generados con IA para instalar temas sensibles en la agenda internacional.
El conflicto también tuvo eco en el plano económico. Trump anunció aranceles dirigidos a varios países europeos involucrados en maniobras militares o despliegues en Groenlandia. Según explicó, la reducción o eliminación de esos cargos dependería de alcanzar algún tipo de entendimiento que favorezca los intereses de Estados Unidos en la zona ártica.
Presión comercial, filtraciones y grietas entre aliados por Groenlandia
La ofensiva no se limita a lo simbólico ni a lo militar: los nuevos aranceles se suman a la campaña digital de Trump y abren un frente de conflicto que mezcla memes políticos, medidas económicas y roces diplomáticos. La combinación de sanciones comerciales con imágenes virales de anexión apuntó a aumentar la presión sobre los socios europeos con presencia en el Ártico.
En este contexto, se conoció que Trump difundió mensajes privados de dirigentes europeos, entre ellos del presidente francés Emmanuel Macron, donde se expresan dudas y desacuerdos sobre cómo reaccionar frente a la estrategia estadounidense en relación con Groenlandia. Estas filtraciones dejaron expuestas diferencias internas dentro del bloque europeo y complicaron todavía más el clima entre aliados tradicionales.
Al mismo tiempo, otros jugadores globales monitorean de cerca la tensión. Rusia y distintos países hicieron declaraciones públicas sobre la puja por el Ártico, algunas de ellas cuestionando el rol de Dinamarca en la zona. Esos pronunciamientos, sin embargo, se insertan en rivalidades geopolíticas más amplias y no se traducen en apoyos explícitos a la postura de Washington sobre Groenlandia.
La disputa se enmarca en una competencia mayor por un territorio valorado por sus recursos naturales y su ubicación estratégica para rutas marítimas y operativos militares. La mayoría de los gobiernos mantiene la posición de que Groenlandia es parte integrante del Reino de Dinamarca y no está disponible para una transacción, postura que contrasta con la narrativa que Trump impulsa desde sus plataformas digitales y sus decisiones de política comercial.
Hasta el momento, pese a las imágenes de Trump, Vance y Rubio clavando la bandera estadounidense junto al cartel “territorio de Estados Unidos, establecido en 2026”, no se registraron cambios formales en el estatus jurídico de Groenlandia, y la discusión continúa abierta en foros internacionales como Davos y en las calles de Dinamarca y la propia isla.

