Una familia sin trabajo pasa sus días y sus noches en la calle, en una plaza ubicada frente a la Maternidad Martin y el CEMAR, en pleno centro de Rosario. Según contaron sus integrantes, llevan alrededor de 35 días a la intemperie después de no poder seguir pagando el alquiler de la vivienda donde residían en barrio Luis Agote. El grupo está formado por una pareja, un adolescente de 15 años, un jubilado de 70 y una perra. La pérdida casi al mismo tiempo de los empleos de los dos adultos, sumada al aumento del costo de la habitación, terminó por dejarlos sin un lugar donde vivir.
La situación se conoció a partir del testimonio de Adrián, de 45 años, y Sabrina, de 37, quienes relataron cómo cambió su vida en pocas semanas. Antes vivían sobre Urquiza al 3700, pero la falta de ingresos volvió imposible sostener el alquiler. Desde entonces duermen en una plaza con frazadas, bolsas y algunos elementos básicos. A eso se agregan otros problemas: el frío de la noche, la inseguridad del lugar, la dificultad de conseguir una pieza que acepte menores y mascotas, y el impacto que esa rutina ya tuvo sobre el hijo adolescente de la pareja.
Una familia sin trabajo quedó en la calle tras perder sus dos ingresos
El punto de quiebre, según explicaron, fue la caída de las dos fuentes laborales con las que se sostenía el hogar. Adrián contó al móvil de Cadena 3 Rosario que trabajó durante seis años en seguridad privada. Sin embargo, la empresa para la que prestaba servicios perdió un contrato y varios empleados quedaron afuera. “Hace más o menos 35 días estamos en situación de calle y no la estamos pasando muy bien porque son unos fríos bastante intensos”, señaló.
En paralelo, Sabrina también se quedó sin su ingreso. De acuerdo con su relato, hacía tareas de cuidado de una persona mayor, pero ese empleo se terminó cuando la familia resolvió trasladarlo a una residencia geriátrica. “Yo estaba cuidando a un adulto mayor y la familia decidió llevarlo a una residencia geriátrica. Ahí me quedé sin empleo”, dijo.
Con ambos adultos sin trabajo y con un alquiler cada vez más alto, la continuidad en la vivienda se volvió inviable. La familia residía en barrio Luis Agote, sobre Urquiza al 3700, pero debió dejar ese lugar. Desde entonces permanece en la plaza ubicada frente a dos centros de salud muy transitados de Rosario, mientras intenta encontrar una salida habitacional que no se les escape de precio.
La pareja remarcó que no está pidiendo una asistencia permanente, sino una oportunidad para volver a generar ingresos. En ese sentido, indicaron que sus pertenencias no quedaron en la calle: fueron guardadas por personas conocidas hasta que puedan acceder otra vez a un alquiler. Ese dato muestra que la urgencia principal pasa hoy por conseguir trabajo y reunir un monto que les permita volver bajo techo.
La calle golpea de noche: frío, peligro y problemas de salud en la plaza
El momento más difícil para el grupo llega cuando cae el sol. Las horas nocturnas transcurren en la plaza, con pocas frazadas, bolsas y otros recursos mínimos para enfrentar las bajas temperaturas. Además del frío, aparece otro temor: la inseguridad. Adrián lo resumió con una frase breve sobre lo que viven cada noche. “No quiero que llegue la noche porque viene el frío y el peligro”, expresó.
La permanencia prolongada en ese espacio abierto también trajo consecuencias físicas. El hombre contó que tiene una úlcera venosa en una pierna y relacionó ese problema con la cantidad de tiempo que pasa sentado y con la falta de un lugar adecuado para descansar. No se trata solo de no tener techo, sino también de no poder sostener condiciones mínimas de descanso en medio de la intemperie.
La ubicación de la familia, frente a la Maternidad Martin y el CEMAR, los deja expuestos a la vista de quienes circulan por esa zona céntrica, aunque eso no cambió su realidad inmediata. Con el paso de los días, la plaza se convirtió en su único lugar fijo. Allí permanecen la pareja, el adolescente, el jubilado de 70 años y la perra de cinco años que sigue con ellos desde que dejaron la vivienda.
El hijo dejó la escuela y las pensiones cierran otras puertas
La crisis habitacional también alteró la rutina del adolescente de 15 años. Sabrina explicó que su hijo dejó de asistir a la escuela por las condiciones en las que vive la familia desde hace más de un mes. La falta de un buen descanso y la imposibilidad de mantener una higiene adecuada, según señaló, son dos factores centrales. “Al no tener un buen descanso ni la forma correcta para higienizarse, no está pudiendo ir”, sostuvo.
A la vez, conseguir un alojamiento transitorio se volvió más difícil por la composición del grupo. La mujer detalló que muchas pensiones o habitaciones no aceptan menores de edad ni mascotas, por lo que las alternativas disponibles se reducen todavía más. Ese límite aparece como una traba concreta al momento de buscar una pieza para salir de la calle, aunque sea de manera provisoria.
El grupo familiar no está compuesto solo por la pareja y su hijo. También forma parte de la convivencia el padre de Adrián, un jubilado de 70 años. Esa presencia suma otra complejidad a la situación, porque no se trata de una sola persona durmiendo en un banco, sino de varios integrantes con necesidades distintas y sin un lugar donde resguardarse por las noches.
La ayuda recibida no alcanza para salir de la calle
De acuerdo con lo que relató Sabrina, la familia recibió asistencia municipal por medio de un subsidio económico. Sin embargo, aseguró que ese aporte no les permitió resolver el problema del alojamiento. “Nos dieron 100 mil pesos a cada uno, pero una habitación está arriba de los 280 mil”, precisó.
La comparación entre el dinero recibido y el valor de una pieza deja en evidencia la distancia que hoy existe entre la ayuda y el costo real de acceder a un techo. Según explicó la mujer, esa diferencia hizo que el subsidio fuera insuficiente para alquilar una pensión o una habitación y salir de la plaza. Por eso continúan en la calle, pese a haber buscado opciones.
Mientras tanto, el objetivo inmediato de la pareja sigue siendo el mismo: recuperar ingresos y encontrar una vivienda que puedan pagar. En medio de esa búsqueda, Sabrina dejó una definición sobre la situación del grupo. “Somos una familia de trabajo y de lucha”, afirmó Sabrina, visiblemente emocionada.

