domingo, mayo 17, 2026

La justicia decreta la quiebra de Garbarino y avanza con la liquidación total de sus activos

El fallo comercial que declaró la quiebra de Garbarino dispuso la venta de marcas, inmuebles y plantas fabriles para pagar a los acreedores.

La histórica cadena de electrodomésticos Garbarino llegó al final de su larga crisis: la justicia comercial declaró la quiebra de la empresa, cerró el concurso preventivo y ordenó la liquidación de todos sus bienes. El fallo, dictado por el Juzgado Nacional en lo Comercial N°7, marcó el cierre de un proceso judicial que se extendió por más de cuatro años e incluyó sin éxito intentos de salvataje, negociación con acreedores y búsqueda de nuevos inversores. Ahora comenzará la realización de activos, desde las marcas Garbarino y Compumundo hasta plantas industriales y unidades de negocios vinculadas.

la justicia cierra el concurso y ordena la realización de todos los bienes

El juez Fernando D’Alessandro, a cargo del Juzgado Nacional en lo Comercial N°7, resolvió que Garbarino ya no tenía chances de sostener su concurso preventivo abierto desde noviembre de 2021 y dispuso el cese inmediato de toda su operatoria. De esta manera, se dio por concluida la etapa concursal y se abrió la quiebra, con la consecuente liquidación integral de los activos de la compañía.

La decisión se apoyó en dos factores clave: por un lado, la falta de adhesiones suficientes de los acreedores a un plan de reestructuración de deudas; por otro, el fracaso del mecanismo de cramdown, la herramienta prevista en la Ley de Concursos y Quiebras que permite a terceros interesados presentar un proyecto de continuidad y pago. Ninguna de esas vías prosperó y la justicia entendió que ya no quedaban alternativas legales para mantener vivo el expediente concursal.

Con el fallo, también se confirmó la inhibición general de bienes de la sociedad y el pase a una etapa de liquidación destinada a generar fondos para atender, hasta donde se pueda, las deudas acumuladas desde 2021. La medida incluye a bancos, proveedores y ex empleados que vienen reclamando por sus créditos desde hace años, en un proceso que atravesó conflictos laborales, cierres de locales y múltiples intentos fallidos de rescate empresario.

La sentencia selló la caída de una firma que, en sus años de mayor presencia en el mercado, llegó a manejar más de 200 sucursales en todo el país y a dar empleo a 4.500 personas. Al momento de la quiebra, el deterioro ya era evidente: apenas quedaban tres locales en funcionamiento, lo que mostraba con claridad la reducción territorial y comercial que había sufrido la cadena.

garbarino, compumundo y el valor de las marcas en la liquidación judicial

Con la quiebra firme, la sindicatura quedó al frente del inventario y la preparación de los remates. Entre los bienes a liquidar se destacan las marcas Garbarino y Compumundo, que siguen teniendo un alto nivel de reconocimiento entre los consumidores. Estos signos distintivos figuran entre los activos intangibles más codiciados del expediente y podrían despertar interés de grupos que busquen relanzar los nombres bajo nuevos modelos de negocio, sobre todo en plataformas digitales.

No se trata solo de los nombres comerciales: la justicia incluyó en la realización los activos industriales del grupo, como las plantas Tecnosur y Digital Fueguina, ubicadas en Tierra del Fuego. Durante años fueron el corazón del ensamblado de productos de la cadena, pero actualmente están totalmente paralizadas. Aun así, la infraestructura instalada y el equipamiento tecnológico formarán parte del paquete que saldrá a subasta dentro del proceso de liquidación.

Estas unidades fabriles tienen además particularidades logísticas y geográficas que las vuelven uno de los componentes más complejos del expediente, ya que implican analizar no solo el valor de los bienes físicos sino también la viabilidad de su uso futuro. Para la justicia, su inclusión en la quiebra es clave para agrandar la masa de recursos que se volcará al pago de las distintas acreencias.

El golpe también alcanzó de lleno a Compumundo, el brazo de tecnología e informática del grupo. El juzgado verificó que no había condiciones distintas a las de la empresa principal y aplicó el mismo criterio: ordenó la liquidación de Compumundo como parte del paquete general de la quiebra. Esta unidad ya venía de un largo derrotero de intentos frustrados de venta, entre ellos una subasta pública realizada en 2021 para colocar el 51% del capital accionario con un precio base de $58 millones, que no obtuvo propuestas.

financiera, turismo y plantas fabriles dentro del mismo expediente

Además del negocio tradicional de venta de electrodomésticos, la quiebra de Garbarino se extiende a las demás ramas del holding. El proceso absorberá los restos de la financiera Fiden y los activos de la división turística Garbarino Viajes. Sobre esta última, la justicia comercial ya había declarado la quiebra a mediados del año pasado, por lo que ahora se busca unificar recursos y causas para conformar una masa de fondos común destinada a atender la extensa lista de acreedores.

La idea del juzgado es concentrar todo dentro de un mismo esquema, de manera de ordenar el pago de deudas y evitar dispersiones de bienes en expedientes separados. Inmuebles, marcas, equipamiento industrial y distintas unidades de negocio serán canalizados a través de la sindicatura para su venta en remates o procesos de realización que determine la justicia. Los fondos obtenidos se aplicarán al pago de obligaciones con bancos, proveedores comerciales y ex trabajadores.

seis años de deterioro, cambios de dueños y conflictos laborales

El fallo que declaró la quiebra de Garbarino no irrumpió de golpe, sino que corona un deterioro que se arrastra desde hace más de seis años. En ese tiempo, la empresa fue perdiendo presencia territorial, cayó su volumen de ventas y se achicó su estructura operativa, hasta pasar de más de 200 sucursales a solo tres puntos de venta. En paralelo, la plantilla de 4.500 empleados se redujo drásticamente en medio de reclamos por salarios, cierres de locales y desvinculaciones masivas.

Uno de los momentos que marcaron la crisis fue noviembre de 2021, poco antes de que se abriera el concurso preventivo. En esa fecha, la empresa envió 1.800 telegramas de despido luego de varios meses con sucursales cerradas y sueldos sin pagar. La situación derivó en reclamos formales de la Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios, que pidió la intervención del Ministerio de Trabajo de la Nación.

La cartera laboral dictó una conciliación obligatoria por quince días, lo que frenó de manera temporal la efectivización de los despidos mientras se buscaba una instancia de negociación entre las partes. Esa intervención se dio luego de un período de fuerte conflictividad laboral, reflejado en miles de notificaciones de despido y en reiteradas denuncias por meses de haberes adeudados a gran parte del personal.

En paralelo a la crisis operativa, también hubo cambios en el control empresario. En junio de 2020, la cadena pasó a manos del empresario Carlos Rosales, titular del grupo asegurador Prof y dirigente del club San Lorenzo en ese momento. Rosales tomó el paquete mayoritario con la idea de mantener entre 10 y 15 sucursales activas en distintas regiones del país. Sin embargo, el impacto de la pandemia de COVID-19 y el peso de las deudas acumuladas impidieron revertir el deterioro financiero.

intentos fallidos de venta y cierre definitivo del proceso

Antes del concurso, ya se había probado una salida privada. En abril de 2021, la única propuesta concreta para adquirir la empresa fue encabezada por Facundo Prado, presidente de Supercanal Arlink y CEO de Centrocard. La negociación se cayó antes de concretarse, lo que dejó a Garbarino sin comprador y sin solución fuera del camino judicial previsto por la ley concursal.

Más adelante, ya dentro del concurso, la justicia activó el cramdown para que terceros pudieran presentar planes de continuidad. La empresa Vlinder se inscribió en el registro para analizar la eventual compra del paquete accionario y un programa de pagos, pero dejó pasar el plazo de cinco días fijado por el tribunal en agosto sin formalizar ninguna oferta. Ese vacío de propuestas terminó de convencer al juzgado de que no había margen para otra salida que no fuera la quiebra.

Con todos esos antecedentes, el Juzgado Nacional en lo Comerial N°7 concluyó que Garbarino había agotado sin éxito todas las herramientas legales a su alcance. Al dictar la quiebra, el tribunal ordenó el cese total de las actividades comerciales y encomendó a la sindicatura la realización de los bienes, incluidos inmuebles, marcas, plantas fabriles y negocios asociados, para destinar lo recaudado al pago de las deudas reconocidas en el expediente.