A los 23 años, la joven electricista Oriana Kominko contó cómo la echaron de su trabajo en relación de dependencia y, lejos de frenarse, armó un emprendimiento de electricidad domiciliaria que hoy le permite, según sus propias palabras, ganar “por lo menos el triple” de lo que cobraba en una oficina de nueve horas. Desde Buenos Aires, combinando servicios en casas particulares, producción de contenido para redes y clases exclusivas para mujeres, construyó una clientela mayormente femenina que la elige por confianza y seguridad a la hora de dejar entrar a alguien en su hogar.
Su historia se conoció en el programa Infobae en Vivo A las Nueve, donde relató paso a paso el cambio de vida, desde el momento en que la despidieron hasta el presente, en el que organiza su agenda entre arreglos eléctricos, cursos y difusión digital de su trabajo. El eje de su relato estuvo puesto en cómo se movió en un rubro que definió como “históricamente dominado por varones” y en las herramientas que hoy comparte con otras chicas que buscan una salida laboral concreta.
Además de describir las tareas que hace a diario, Oriana detalló cómo arma sus precios, de qué manera usa Facebook e Instagram para captar nuevos clientes y por qué decidió empezar a dar clases de electricidad, con contenidos pensados tanto para resolver problemas en casa como para salir a trabajar por cuenta propia.
De la oficina al tablero eléctrico: cómo nació el emprendimiento
El punto de quiebre fue claro: “Me echaron del laburo y vi esa oportunidad de crisis como una oportunidad para reinventarme”, recordó durante la entrevista. Hasta entonces, su rutina estaba ligada al comercio: trabajaba como vendedora en una gráfica y complementaba ese ingreso con un pequeño emprendimiento de accesorios. Sin embargo, la estabilidad formal no le alcanzaba y las posibilidades de crecimiento eran limitadas.
En ese contexto apareció la electricidad como alternativa concreta. Oriana contó que siempre le interesaron los oficios, pero que no se había animado a dar el salto hasta que se quedó sin empleo fijo. El despido funcionó como disparador para cambiar de rubro y empezar a pensar en trabajar por su cuenta, sin depender de un recibo de sueldo ni de un horario impuesto.
El inicio fue gradual. Primero se enfocó en aprender lo básico para no poner en riesgo ninguna instalación y, a medida que ganaba confianza, comenzó a ofrecer servicios pequeños en el barrio. Con el tiempo, esos trabajos puntuales se transformaron en el corazón de su emprendimiento de electricidad domiciliaria, que luego se amplió a cursos y contenidos en redes.
La mudanza también jugó su papel. Oriana explicó que antes vivía en José C. Paz, donde había armado una cartera de clientes vinculada a la gráfica. Más tarde se fue a vivir con su pareja a Virreyes, zona en la que conoció a su suegro y empezó a meterse “un poco más” en el mundo de los oficios. Esa combinación de cambio de entorno y necesidad económica terminó de empujarla hacia la electricidad.
El rol clave del suegro y las primeras experiencias como electricista
La puerta de entrada al oficio fue familiar. Oriana contó que su suegro, electricista y técnico en mantenimiento, fue quien la acercó al trabajo manual y le sugirió especializarse. Al principio quiso orientarla hacia otro sector: “Él quería que me enseñe refrigeración y después me enseñó electricidad. Era muy pesado refrigeración, me dijo”, relató.
Guiada por él, empezó con una formación totalmente práctica: maniobra de tableros, herramientas básicas, seguridad y arreglo de fallas comunes. De esa etapa surgieron los primeros conocimientos concretos que luego usó para ofrecer servicios pagos. Recién cuando se sintió segura con las tareas más sencillas se animó a cobrar por su trabajo.
Ya instalada en zona norte del conurbano bonaerense, el siguiente paso fue salir a buscar clientela. Recurrió a grupos de Facebook barriales, donde publicó que hacía trabajos de electricidad domiciliaria. El primer contacto no terminó bien: la persona que le escribió no estaba interesada en contratarla por su oficio, sino que le habló por su aspecto físico. “Lo puse en un grupo. Me habló un hombre. ‘Joya’, dije yo. ‘Primer cliente’. Me dice: ‘Mirá, te hablé porque me parecés muy linda’”, recordó. Oriana contó que le aclaró que necesitaba arreglar un ventilador, pero el hombre siguió con preguntas personales sobre su vida romántica y finalmente el trabajo no se concretó.
El debut real llegó poco después y fue totalmente distinto. “Mi primer cliente fue una mujer, me acuerdo”, señaló. Esa experiencia marcó una constante: con el correr de los meses, empezó a notar que la inmensa mayoría de las personas que la llamaban eran mujeres jóvenes que vivían solas o que se habían mudado a estudiar a Buenos Aires y no querían permitir el ingreso de cualquier desconocido a sus casas.
Mujeres que viven solas y el factor confianza
Según explicó, se consolidó una tendencia muy clara: la mayoría de su clientela son chicas que privilegian la seguridad y la confianza antes de dejar entrar a alguien para hacer arreglos eléctricos. “Me suelen llamar muchas chicas que viven solas o chicas que vienen a estudiar y también están totalmente solas acá en Buenos Aires. Entonces claro, no quieren meter a cualquiera en la casa”, resumió durante la charla.
Lejos de sorprenderse por su presencia como electricista, Oriana dice que, en muchos casos, las clientas la eligen justamente porque es mujer. Por eso, no se encuentra con la típica reacción de extrañeza frente a una mujer en un oficio tradicionalmente masculino, sino con la búsqueda explícita de una trabajadora que genere tranquilidad al ingresar al domicilio, sobre todo cuando las personas viven solas.
Clases de electricidad pensadas para mujeres
A medida que fue sumando experiencia, Oriana decidió no quedarse solo con los trabajos domiciliarios e incorporó una nueva línea de actividad: dar clases. “Les enseño a unas chicas electricidad. Lo que yo les estoy enseñando a ellas es con lo que yo salí a trabajar”, explicó sobre el contenido de esas capacitaciones, centradas en conocimientos prácticos.
El objetivo de esos cursos es doble. Por un lado, que las alumnas puedan resolver problemas sencillos en sus hogares sin depender de terceros. Por otro, que quienes se animen puedan utilizar lo aprendido para comenzar a trabajar y generar ingresos con un oficio que, según ella, tiene salida laboral rápida si se combina con una buena presentación y algo de estrategia comercial.
En esa línea, Oriana definió al electricista domiciliario como un curso “bastante corto” que puede transformarse en una puerta de entrada al mercado laboral. Sin prometer montos ni tiempos, remarcó que con una formación básica sólida y algo de impulso para vender los servicios, hay posibilidades concretas de conseguir trabajos y sostener un ingreso mensual.
Redes sociales, precios y el salto económico respecto a la oficina
Uno de los puntos que más interés generó fue el económico. Al comparar su situación actual con la etapa de oficina, fue contundente: con su emprendimiento de electricidad estima que gana “por lo menos el triple” de lo que cobraba trabajando nueve horas por día como empleada. De todos modos, aclaró que, al ser independiente, tiene meses con más trabajo y otros más tranquilos, lo que vuelve difícil proyectar una cifra fija.
También habló de cómo se definen las tarifas en el rubro. Señaló que no existe una lista de precios única y que la referencia muchas veces depende del barrio y del perfil del cliente. “¿Vieron eso que te dicen que te cobran por la cara? Es verdad. Si vas a arreglarle a un abogado o a un arquitecto en San Isidro, olvidate. Lo matan”, sostuvo, al describir diferencias que ve en el mercado de oficios entre zonas y tipos de usuarios.
Para sostener un flujo constante de pedidos, las redes sociales se convirtieron en su principal vidriera. “Ahora me están viniendo muchísimos por redes. Subo los videos, pongo mi número en la historia. Si hay un tema de trabajo o algo urgente pueden escribirme directamente”, contó. Esa presencia le permite mostrar en tiempo real qué tipo de trabajos hace, despejar dudas y recibir consultas sin intermediarios.
El crecimiento en la demanda la llevó, incluso, a sumar ayuda. “Tengo una chica que me ayuda, que es Adriana. Con ella estamos agarrando bastantes trabajo y hay veces que yo le designo todos los trabajos a ella porque tengo que reservarme para entrevistas, para hacer las publicidades”, explicó. Así reparte su semana entre las visitas a domicilio, las grabaciones de contenido y las notas en medios.
Por último, Oriana compartió su mirada sobre la situación de los oficios en los últimos años. Consideró que, con la pandemia, el home office ganó terreno y muchas personas se volcaron a trabajos remotos, lo que dejó a los oficios un poco relegados en la consideración general, pese a que históricamente “se ganaba bien” en ese tipo de tareas manuales.
Aun con la incertidumbre de no saber exactamente cuánto va a facturar cada mes, destacó que el trabajo en oficios sigue siendo una alternativa concreta para quienes buscan una salida laboral sin pasar por carreras largas. En su caso, esa apuesta arrancó el día que la echaron de la oficina y hoy se sostiene en una combinación de electricidad, redes y enseñanza para otras mujeres.

