La muerte de un interno alojado en la Alcaidía General de Salta encendió fuertes temores por posible contagio de tuberculosis entre el personal judicial y penitenciario que trabaja a diario en la Ciudad Judicial. El fallecido es Luis Gabriel Delgado, de 50 años, cuyo deceso aún se investiga y cuyo caso dejó bajo la lupa los traslados de detenidos desde el penal hacia juzgados, fiscalías y otras oficinas del complejo. Mientras se esperan los resultados de la autopsia para confirmar o descartar tuberculosis, empleados judiciales reclaman medidas básicas de prevención ante la alta circulación de personas.
Alarma por contagio de tuberculosis en Ciudad Judicial y traslados desde la Alcaidía
La preocupación por un eventual foco de tuberculosis y contagio ya no se limita a los pabellones de la Alcaidía General, sino que alcanzó de lleno a la Ciudad Judicial de Salta, donde todos los días confluyen miles de personas entre empleados, magistrados, auxiliares de justicia y público en general.
El eje del temor pasa por la circulación de detenidos que son llevados desde el establecimiento carcelario hacia distintas dependencias judiciales. En algunos sectores, la distancia entre la Alcaidía y las salas de audiencias es muy corta, menor a una cuadra, y los internos se desplazan por corredores centrales del edificio para asistir a audiencias, entrevistas con psicología o medicina, o para presentarse ante jueces y fiscales.
Según detallaron fuentes judiciales, parte del recorrido se hace en un ascensor de servicio, pero luego los detenidos caminan por los mismos pasillos que el resto del personal. En ese tramo se mezclan con jueces, fiscales, empleados, defensores y otros trabajadores, lo que genera inquietud porque la tuberculosis se transmite por vía aérea, a través de gotas respiratorias, y porque se habla de un posible brote dentro de la Alcaidía.
Con la reanudación plena de la atención al público en la Ciudad Judicial, tras el receso de enero, se estima que cada jornada pueden transitar por el edificio más de diez mil personas. Para muchos empleados, esa masividad vuelve imprescindible contar con protocolos claros frente a la sospecha de un foco de tuberculosis en el penal donde se originan los traslados.
En este contexto, se analiza la posibilidad de que el gremio que nuclea a los judiciales formalice presentaciones ante la Corte de Justicia de Salta. Entre los pedidos que se mencionan internamente aparece la entrega de barbijos y otros elementos básicos de protección para las oficinas que mantienen contacto directo o indirecto con personas privadas de la libertad.
Trabajadores que atienden en ventanillas, mesas de entrada y áreas donde se reciben detenidos señalaron que no se vive un clima de pánico, pero sí de alerta sostenida. Muchos recuerdan las restricciones por COVID-19 y consideran que ese antecedente influye en la sensibilidad actual frente a cualquier enfermedad respiratoria que pueda derivar en contagio masivo.
La muerte de Luis Gabriel Delgado y la investigación sobre posible tuberculosis
El caso que disparó la preocupación sanitaria y la discusión sobre el riesgo de contagio de tuberculosis es el de Luis Gabriel Delgado, un interno de 50 años alojado en el Pabellón B2 de la Alcaidía General, que murió alrededor del mediodía un martes reciente, en circunstancias que ahora son materia de investigación administrativa y judicial.
Desde el Servicio Penitenciario informaron que se aguarda el informe completo de la autopsia para determinar si el hombre padecía tuberculosis o alguna otra patología que explique el desenlace. Ese dato será clave para vincular o no su muerte con los rumores de un brote en el penal.
Tras el deceso, se abrió un expediente interno voluminoso dentro del Servicio Penitenciario de la Provincia. En ese legajo se incorporaron informes de guardias, partes médicos y declaraciones de numerosos testigos, con el objetivo de reconstruir cómo fueron las últimas horas de Delgado en la celda 7 del Pabellón B2.
Los documentos señalan que Delgado había sido detenido a comienzos de diciembre pasado en el marco de una investigación por robo en poblado y en banda. Ese mismo día fue trasladado desde la subcomisaría de Lola Mora a la Alcaidía General, por orden del Juzgado de Garantías 2, y hasta el momento de su muerte no registraba sanciones disciplinarias en su legajo.
Al momento del fallecimiento llevaba poco menos de dos meses privado de la libertad. No se habían asentado antecedentes médicos relevantes en su carpeta penitenciaria, lo que genera más dudas sobre el origen del cuadro que terminó con su vida.
Las últimas horas del interno y el operativo de emergencia
Según surge de las más de catorce declaraciones tomadas a internos del Pabellón B2, en especial de la celda 7 y de las contiguas, Delgado habría pasado la mañana con total normalidad. Coinciden en que entre las 8.30 y las 10.15 salió al patio para desayunar, higienizarse y realizar actividades recreativas, donde incluso jugó a la pelota sin manifestar malestar.
Luego, de acuerdo con esos testimonios, volvió a su celda, se acomodó y esperó el almuerzo programado para el mediodía. A las 12.20, los guardiacárceles repartieron la comida —descripta por los internos como salpicón de pollo, sopa de fideos y flan— y el agente que le entregó la bandeja declaró que no notó ningún síntoma raro en Delgado.
No obstante, las imágenes de la cámara de seguridad del sector muestran que, a las 12.57, comenzó un movimiento inusual frente a la celda 7. Se observa a varios internos haciendo señas y pidiendo ayuda, porque Delgado se había desvanecido dentro de la celda, tendido en el piso al costado de la cama.
Compañeros de pabellón relataron que el hombre estaba de pie, dijo que se sentía mal y se desplomó de manera repentina. Frente a los gritos de auxilio, el personal penitenciario ingresó al pabellón y, con la ayuda de otros reclusos, colocaron al interno sobre una manta para trasladarlo de urgencia a la sala de primeros auxilios de la unidad.
En ese lugar se le practicaron maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP). Ante la gravedad del cuadro, se dispuso el traslado en código rojo hacia el hospital San Bernardo, donde la ambulancia llegó pocos minutos después.
Ya en el centro de salud, los profesionales que lo recibieron constataron que Delgado no presentaba signos vitales. El cuerpo quedó inicialmente en la morgue del hospital, hasta que personal del Cuerpo de Investigaciones Fiscales (CIF) lo retiró para llevarlo a la Morgue de la Procuración General, donde se realizaría la autopsia médico legal destinada a determinar la causa específica de la muerte.
Testimonios de los internos y dudas pendientes sobre el caso
Los informes elevados al director de la Unidad Carcelaria 1, subprefecto Alfredo Guillermo González, remarcan que los testimonios recogidos son coincidentes respecto de la secuencia previa al fallecimiento. En todos se repite que Delgado realizó sus actividades habituales, jugó a la pelota, comió y no refirió dolores ni molestias antes del episodio.
En esas mismas declaraciones, los reclusos indicaron que no lo vieron consumir medicación de manera regular ni sabían que tuviera una enfermedad diagnosticada. Algunos mencionaron, como único rasgo particular, que “fumaba mucho”, pero sin vincularlo con un cuadro concreto.
La reconstrucción oficial también dejó asentado que en el legajo penitenciario del interno no figuraban datos de familiares ni contactos cercanos, situación que complicó la notificación del fallecimiento y demoró algunos trámites posteriores al traslado del cuerpo a la morgue judicial.
Mientras se aguarda el resultado final de la autopsia, en ámbitos judiciales y penitenciarios se mantiene el foco sobre el eventual vínculo entre la muerte de Delgado y la tuberculosis. La inquietud gira en torno a si el caso forma parte de un cuadro aislado o si podría encajar en un posible brote dentro de la Alcaidía, con impacto en la Ciudad Judicial por la circulación cotidiana de detenidos.
En paralelo, personal que trabaja a diario con internos trasladados desde el penal insiste en la necesidad de reforzar medidas preventivas para reducir cualquier riesgo de contagio en espacios cerrados y de alta concentración de gente, a la espera de los informes médicos y periciales que definan el origen del cuadro que terminó con la muerte del interno.

