Investigadoras del Conicet confirmaron en Bariloche la presencia de una medusa de agua dulce originaria de Asia y ahora buscan establecer qué nivel de instalación alcanzó en lagos y lagunas de la zona. El registro fue realizado en ambientes del Parque Nacional Nahuel Huapi y encendió el interés científico por tratarse de una especie invasora muy difícil de erradicar. El trabajo, además, apunta a medir su dispersión real y los posibles cambios que podría generar en los ecosistemas acuáticos donde ya fue detectada.
La especie identificada es Craspedacusta sowerbii, un organismo que ya había sido reportado en otras provincias argentinas, aunque este hallazgo permitió abrir una línea de estudio puntual en la región cordillerana. Según explicaron las investigadoras, una de las mayores dificultades es que su ciclo de vida incluye una fase microscópica casi imposible de detectar a simple vista, lo que complica cualquier intento de control una vez que se afianza en un ambiente.
El hallazgo fue oficializado hace pocas semanas a partir de un estudio desarrollado por Sharon Allen Dohle, Mariana Reissig, Patricia García y María del Carmen Diéguez. Las científicas forman parte del Grupo de Ecología de Sistemas Acuáticos a escala de Paisaje, conocido como Gesap, que integra el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente, dependiente del Inbioma – Conicet.
La medusa detectada por el Conicet en Bariloche ya fue registrada en varios ambientes
La detección se concretó en los lagos Escondido y El Trébol, además de la laguna Buillines. A partir de esos análisis, el equipo empezó a reunir información para determinar si la presencia observada corresponde a focos puntuales o si la especie ya alcanzó una dispersión más amplia en esa parte de Bariloche.
Las investigadoras señalaron que el punto central no pasa solamente por confirmar dónde está la medusa, sino también por conocer cuánto se expandió y qué efectos puede provocar. En especial, el interés está puesto en los cambios que podría generar sobre la cadena alimenticia de las especies nativas que viven en esos cuerpos de agua.
El registro local tomó relevancia porque la especie presenta características biológicas que vuelven muy difícil su eliminación. En ese sentido, Patricia García indicó: “Tiene gran capacidad de dispersión y es posible que su registro esté subestimado. Una vez que se establece, técnicamente es imposible erradicarla porque tiene una fase muy pequeña que es casi imposible de eliminar. Se puede hacer un esfuerzo en evitar una mayor dispersión”.
Ese dato es uno de los que más preocupa al equipo, ya que la etapa pólipo, microscópica, puede pasar inadvertida y mantenerse adherida a distintas superficies. Por eso, aun cuando no siempre se vean medusas adultas, la especie puede seguir presente en el ambiente.
Asia aparece en el origen de una especie invasora que puede moverse con facilidad
De acuerdo con el estudio, esta medusa de agua dulce proviene de aguas cálidas de Asia, especialmente del río Yangtsé, en China. Su aparición visible ocurre por períodos breves y bajo determinadas condiciones ambientales, sobre todo cuando la temperatura del agua supera los 17°.
Ese comportamiento hace que su detección no sea sencilla. A la vez, las investigadoras vinculan la posibilidad de una expansión mayor con cambios observados en el clima regional, como inviernos más moderados o veranos con temperaturas inusuales, factores que podrían favorecer su presencia en más ambientes acuáticos.
Mariana Reissig explicó: “La medusa de agua dulce es invasora en todos los continentes, menos en la Antártida. Viene de China y se registró primero en Europa, después en Norteamérica y se fue expandiendo. Se adapta fácilmente a nuevas condiciones e invade nuevos ambientes rápido y fácil porque es fácil que la transporten aves, embarcaciones y peces”.
Además, el traslado no depende solo de procesos naturales. Según detallaron las científicas, en su fase de pólipo el organismo puede adherirse a botes, equipos de pesca, patas de aves migratorias y cuerpos de peces. A eso se suma otro elemento: no se conocen en la región depredadores naturales capaces de colaborar en su control poblacional.
El monitoreo en lagos y lagunas de Bariloche también apunta a la prevención
Mientras avanzan los estudios sobre el impacto ecológico, el equipo difundió medidas para reducir el riesgo de dispersión entre distintos cuerpos de agua. Una de las principales recomendaciones es no trasladar agua, plantas ni animales de un ambiente a otro, porque ese movimiento puede facilitar el transporte involuntario de la especie.
Para quienes navegan, también se indicó la necesidad de drenar fuera de los lagos el contenido de botes y otros artefactos flotantes. Junto con eso, recomendaron desinfectar botas, redes, embarcaciones y motores con agua caliente, soluciones salinas o lavandina, con el objetivo de eliminar los pólipos.
En los casos en que una embarcación pase de un ambiente a otro, la sugerencia es dejarla secar antes del traslado. Esa medida se suma a otras acciones preventivas que buscan frenar la expansión de la medusa de agua dulce en la región, sobre todo en un contexto de mayor actividad humana vinculada al turismo.
Las investigadoras remarcaron además que todavía hay pocos datos sobre la distribución real de esta especie. Por eso, plantearon la necesidad de sumar más registros en Bariloche y alrededores para tener un mapa más preciso de su presencia.
Quienes observen ejemplares pueden colaborar con una fotografía y la referencia geográfica del lugar. Esa información puede enviarse a la cuenta de Instagram @fotolab.gesap o cargarse en la plataforma iNaturalist, donde especialistas verifican los aportes para ampliar el registro de distribución de la medusa de agua dulce.

