Qué representa la medalla de San Benito en el día de su fiesta

El sacramental ligado al abad benedictino reúne siglos de devoción, fórmulas en latín y una bendición especial dentro de la Iglesia.

La medalla de San Benito vuelve a estar en el centro de la atención este día, en la previa de la fiesta que la Iglesia celebra el 11 de julio. Se trata de un objeto usado desde hace siglos por numerosos cristianos y reconocido como sacramental dentro de la tradición católica. La medalla reúne oraciones, letras abreviadas y símbolos ligados a San Benito, el monje que vivió entre los años 480 y 547. Además, su historia mezcla devoción, relatos antiguos y una forma de bendición particular que debe realizar un sacerdote.

Dentro del catolicismo, la medalla de San Benito es presentada como un signo de protección frente al mal y también como un elemento asociado al exorcismo. A la vez, su diseño conserva frases en latín y referencias que se repiten desde hace mucho tiempo. Por eso, cada día cercano a la fiesta del santo renace el interés por su origen, por el sentido de sus inscripciones y por el modo en que la Iglesia la incorpora a la vida religiosa.

La medalla de San Benito reúne siglos de tradición católica

San Benito es identificado en la tradición cristiana como abad y patrono de Europa. La medalla vinculada a su figura tiene un lugar especial entre los sacramentales, es decir, entre los signos sagrados reconocidos por la Iglesia. Según la explicación que acompaña este objeto, no se trata de un sacramento, sino de una práctica religiosa que apunta a expresar efectos espirituales por intercesión de la Iglesia.

El Catecismo de la Iglesia Católica, citado en el texto original, indica que por los sacramentales “los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida”. En esa línea, la medalla de San Benito es considerada un objeto de devoción que ocupa un lugar concreto en la práctica religiosa de muchos fieles.

La Iglesia también vincula esta medalla con la posibilidad de obtener indulgencia plenaria en la Fiesta de San Benito, celebrada el 11 de julio, siempre que se cumplan las condiciones habituales mencionadas en el texto: confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Papa. Ese dato explica por qué, cada día cercano a esa fecha, la consulta sobre la medalla vuelve a circular con más fuerza.

San Benito y los símbolos que aparecen en cada lado de la pieza

En el anverso de la medalla aparece la figura de San Benito con una cruz en una mano y el libro de sus reglas en la otra. A ambos lados se lee “Crux Sancti Patris Benedicti (Cruz del Santo Padre Benito)”. Además, se distinguen una copa de la que sale una víbora y un cuervo, dos elementos que forman parte de los relatos asociados a la vida del santo.

También en esa cara se ubica, en forma circular, la oración: “Eius in óbitu nostro preséntia muniamur (A la hora de nuestra muerte seamos protegidos por su presencia)”. En la parte inferior central figura otra inscripción: “Ex. S. M. Cassino MDCCCLXXX (Del Santo Monte Cassino 1880)”. Esa referencia enlaza la pieza con una edición conocida de fines del siglo XIX.

El reverso concentra las siglas más difundidas. C.S.P.B. significa “Cruz del Santo Padre Benito”. Sobre el eje vertical de la cruz, C.S.S.M.L. quiere decir: “La santa Cruz sea mi luz”. En el eje horizontal, N.D.S.M.D. expresa: “Que el dragón infernal no sea mi guía”. Alrededor se leen otras fórmulas: PAX, “Paz”; V.R.S., “Vade Retro Satanás”; N.S.M.V., “No me aconsejes cosas vanas”; S.M.Q.L., “Es malo lo que me ofreces”; e I.V.B., “Traga tú mismo tu veneno”.

El día de San Benito reactiva el interés por el origen histórico de la medalla

El origen preciso de la medalla no aparece como un dato completamente cerrado. El texto señala que uno de sus antecedentes se ubica en el siglo XVII, durante un juicio de brujería en Alemania. En ese proceso, mujeres acusadas declararon que no tenían poder sobre la Abadía de Metten porque el lugar estaba bajo la protección de la cruz.

A partir de esa afirmación, según el relato, se investigó el monasterio y se hallaron cruces pintadas en los muros, rodeadas por letras que luego pasarían a relacionarse con la medalla. Más tarde apareció un pergamino con la imagen de San Benito y con las frases completas que dieron base a esas abreviaturas. Ya la forma hoy más conocida remite a la medalla del jubileo de 1880, emitida por los 1400 años del nacimiento del santo y lanzada por el superior abad de la abadía benedictina de Monte Cassino, en Italia.

Ese recorrido histórico muestra que la medalla no quedó ligada a una sola época. Por el contrario, fue tomando una forma reconocible a partir de distintos momentos, aunque siempre conservó la referencia a la cruz, a las fórmulas en latín y a la figura del monje benedictino.

La bendición de la medalla tiene una fórmula especial dentro de la Iglesia

La tradición citada en el texto indica que la bendición de la medalla requiere la intervención de un sacerdote. El rito comienza con el diálogo: “-Nuestra ayuda nos viene del Señor” y “-Que hizo el cielo y la tierra”. Después aparece la orden de expulsión: “- Te ordeno, espíritu del mal, que abandones esta medalla, en el nombre de Dios Padre Omnipotente, que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos se contiene.”

La oración sigue con otra fórmula: “Que desaparezcan y se alejen de esta medalla toda la fuerza del adversario, todo el poder del diablo, todos los ataques e ilusiones de satanás, a fin de que todos los que la usaren gocen de la salud de alma y cuerpo.” Luego se añade la invocación: “En el nombre del Padre Omnipotente y de su Hijo, nuestro Señor, y del Espíritu Santo Paráclito, y por la caridad de Jesucristo, que ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos y al mundo por el fuego.”

Más adelante, la bendición incorpora las frases “-Señor, escucha mi oración.” y “-Y llegue a tí mi clamor.” En la parte final, bajo la indicación “- Oremos:”, se expresa la súplica: “Dios omnipotente, dador de todos los bienes, te suplicamos humildemente que por la intercesión de nuestro Padre San Benito, infundas tu bendición sobre esta sagrada medalla, a fin de que quien la lleve, dedicándose a las buenas obras, merezca conseguir la salud del alma y del cuerpo, la gracia de la santificación, y todas la indulgencias que se nos otorgan, y que por la ayuda de tu misericordia se esfuerce en evitar la acechanzas y engaños del diablo, y merezca aparecer santo y limpio en tu presencia. Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor. Amén.”

La relación entre San Benito, la cruz y la idea de protección también aparece en episodios atribuidos a su vida. Uno de esos relatos sostiene que intentaron envenenarlo y que, al hacer la señal de la cruz sobre un vaso, este se rompió. Otro menciona la presencia de un pájaro negro y una tentación que, según la tradición, enfrentó con una acción extrema en un matorral de espinas y zarzas. Esos pasajes son parte del marco religioso que, hasta hoy, acompaña a la medalla.