El Martes Santo, celebrado como jornada clave dentro de la Semana Santa cristiana, es un día marcado por la oración, el ayuno y la lectura de un Evangelio que relata la traición de Judas y el anuncio de las negaciones de Pedro. Esta fecha se ubica litúrgicamente antes del Triduo Pascual y se conmemora el martes previo al primer domingo de primavera en el calendario cristiano. En distintos lugares del mundo, incluyendo Tierra Santa, se desarrollan procesiones y misas que recuerdan estos hechos del Evangelio según San Juan.
Se trata de una conmemoración que la Iglesia considera preparatoria para los días centrales de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, núcleo de la Semana Santa. Durante todo este Martes Santo, las comunidades cristianas se reúnen en templos y espacios públicos para acompañar estas escenas bíblicas que, según la tradición, ocurrieron durante la última cena.
En Palestina y en otras regiones, el calendario litúrgico fija esta celebración entre el 18 de marzo y el 21 de abril, de acuerdo con el año. A través de las distintas celebraciones, se busca mantener viva la memoria de los momentos previos al arresto de Jesús, tal como se narra en el Evangelio de Juan, capítulo 13.
Martes Santo dentro del calendario de Semana Santa
El Martes Santo también es conocido como Sexto Martes de Cuaresma y se inserta en la secuencia de días que preparan la Semana Santa. Este tramo del calendario está formado por el Lunes Santo, el propio Martes Santo y el Miércoles Santo, inmediatamente antes del inicio del Triduo Pascual. Cada una de estas jornadas propone a los fieles una reflexión distinta sobre los últimos días de Jesús.
La fecha siempre cae el martes anterior al primer domingo de primavera del hemisferio norte, lo que hace que pueda celebrarse en distintas fechas, entre el 18 de marzo y el 21 de abril. Esta variación responde al modo en que se calcula la Pascua cristiana, ligada al ciclo lunar y no a un día fijo del calendario civil.
A lo largo de este día, en parroquias, santuarios y comunidades, se desarrollan procesiones, rezos comunitarios y misas especiales. Las celebraciones eucarísticas del Martes Santo se integran directamente al conjunto de ritos de la Semana Santa, que culminan en el Domingo de Pascua, pasando por Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo.
Dentro de la tradición cristiana, Martes Santo es una ocasión particular para el ayuno y la introspección personal. Muitos creyentes optan por privarse de ciertos alimentos o reducir las comidas, como gesto de austeridad y unión espiritual con los momentos de la Pasión. Estas prácticas, que forman parte de la Cuaresma, se refuerzan en estos días finales antes del Triduo.
Además del ayuno, se promueven espacios de silencio, oración personal y lectura de los pasajes bíblicos relacionados. De esta manera, los fieles se disponen a vivir de forma más consciente los días que siguen, enfocados en los relatos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret, eje de todas las celebraciones de Semana Santa.
El Evangelio que se proclama en Martes Santo
En el plano litúrgico, la Iglesia propone para Martes Santo un texto del Evangelio según San Juan, ubicado en Juan 13, 21-33 y 36-38. Este pasaje contiene el anuncio de Jesús sobre la traición de Judas y las futuras negaciones de San Pedro, dos escenas centrales de la narrativa de la Pasión. El relato sitúa a Jesús reunido con sus discípulos, en un clima de profunda tensión y desconcierto.
El Evangelio cuenta que, en medio de la comida, Jesús se conmueve y declara: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar». La frase deja perplejos a los discípulos, que se miran unos a otros sin saber a quién se refiere. Entre los presentes se menciona al discípulo llamado «el que Jesús tanto amaba», recostado junto al pecho de Jesús, y a Simón Pedro, que le hace señas para que pregunte más detalles.
Entonces, ese discípulo se inclina hacia Jesús y le pregunta: «Señor, ¿quién es?». Jesús responde: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado». El texto precisa que, tras mojar el pan, se lo entrega a Judas, hijo de Simón el Iscariote, y añade que, al recibir el bocado, «entró en él Satanás». En ese momento, Jesús le dice a Judas: «Lo que tienes que hacer hazlo en seguida».
La salida de Judas y las palabras a Pedro
El Evangelio subraya que ninguno de los que estaban en la mesa entiende por qué Jesús se dirige así a Judas. Como él era quien cuidaba la bolsa, algunos pensaban que Jesús le pedía comprar lo que hacía falta para la fiesta, o que le estaba indicando entregar alguna ayuda a los pobres. Después de tomar el pan, Judas sale rápidamente del lugar, y el texto remarca un detalle: «era de noche».
Luego de la partida de Judas, Jesús afirma ante los demás: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará». Más adelante, se dirige a los discípulos con estas palabras: «Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: Donde yo voy, vosotros no podéis ir».
En ese punto, interviene Simón Pedro y le pregunta: «Señor, ¿a dónde vas?». Jesús responde: «Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde». Pedro insiste: «Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti». El pasaje concluye con la respuesta de Jesús, que anticipa lo que sucederá después de su detención: «¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces».

