El hospital San Bernardo concretó el primer implante de un marcapasos sin cables en Salta, un dispositivo intracardiaco de última generación colocado mediante una técnica mínimamente invasiva a través de la vena femoral. La intervención se hizo en el Servicio de Hemodinamia, con un angiógrafo que permitió seguir el trayecto del equipo en tiempo real y controlar cada paso del procedimiento en un paciente afiliado a PAMI, a partir del trabajo conjunto entre profesionales del sector público y privado.
El aparato utilizado es un modelo Micra, un marcapasos de tamaño muy reducido que se aloja directamente en el interior del corazón, sin requerir cables ni el clásico bolsillo subcutáneo en el pecho de los dispositivos convencionales. Según explicaron los especialistas a cargo, se trata de una tecnología pensada para un grupo limitado de personas con patologías complejas, que no pueden recibir un marcapasos tradicional y que requieren un abordaje distinto por su condición clínica.
Durante el implante de este marcapasos sin cables en Salta se siguió un protocolo con controles eléctricos y mecánicos en cada etapa: el equipo probó distintas ubicaciones dentro del corazón hasta confirmar una fijación estable y una respuesta adecuada del dispositivo. El procedimiento se realizó como una práctica de punción y cateterismo, sin necesidad de abrir el tórax, y el paciente egresó con un cierre en la zona de la pierna, sin puntos en el pecho ni cicatrices visibles derivadas de una cirugía abierta.
Cómo funciona el marcapasos sin cables y qué lo diferencia de los modelos clásicos
El cardiólogo electrofisiólogo Sebastián Schanz describió el marcapasos intracardiaco Micra como un pequeño módulo autónomo que se fija directamente en la pared del corazón. Lo comparó, en lenguaje sencillo, con “el tamaño de la colilla de un cigarrillo” y remarcó que todo el dispositivo se ubica dentro de la cavidad cardíaca, sin componentes en el exterior ni debajo de la piel. En lugar de cables, el marcapasos se sostiene por medio de pequeñas anclas que se prenden al tejido cardíaco y quedan firmes una vez que se confirma la posición correcta.
El propio dispositivo es capaz de registrar los latidos y decidir cuándo actuar. De acuerdo con la explicación del especialista, el marcapasos “analiza los latidos del corazón y se ajusta para estimularlo cuando es necesario”, es decir, mide la actividad eléctrica y solo emite impulsos cuando detecta que el ritmo se enlentece o se interrumpe. Esa estructura compacta, sin conductores que recorran venas y sin generador alojado en el pecho, apunta a reducir algunos problemas que se observan en los modelos con cables.
Los profesionales resaltaron que el Micra es aproximadamente un 93% más pequeño que un marcapasos convencional y que puede alcanzar una vida útil de hasta 17 años, siempre dependiendo del uso que requiera cada paciente. Además, subrayaron que este tipo de marcapasos sin cables representa una alternativa más avanzada desde el punto de vista tecnológico, aunque no reemplaza a todos los equipos disponibles, sino que se suma como una opción nueva para situaciones muy puntuales.
Entre las ventajas clínicas señaladas se mencionó la ausencia de bolsillo subcutáneo y de cables, dos elementos que en los marcapasos clásicos suelen asociarse a complicaciones como infecciones en la zona del generador, hematomas o fallas en los conductores. Al eliminar estos componentes, el objetivo es disminuir la tasa de incidentes tanto en el momento del implante como durante el seguimiento a largo plazo, aprovechando la estructura reducida del sistema intracardiaco.
Pacientes indicados, riesgos y detalles del procedimiento en el hospital San Bernardo
Según aclaró Schanz, la indicación de este marcapasos sin cables no es masiva ni se plantea como solución para cualquier caso. La tecnología está destinada a pacientes específicos, con cuadros complejos y que no pueden recibir un marcapasos convencional, ya sea por problemas en las venas de acceso, antecedentes de infecciones o características particulares de su anatomía o de su historia clínica. Además, el costo elevado del dispositivo limita por ahora su uso a un grupo reducido.
El acceso al corazón se realizó a través de la vena femoral, ubicada en la región inguinal. El cardiólogo explicó que se practica una punción en esa vena, se introduce un catéter de gran calibre y desde allí se avanza hasta las cavidades cardíacas, donde se libera el marcapasos. A diferencia de una cirugía, no se abre el tórax, sino que se trabaja con navegación intravascular guiada por imágenes obtenidas con el angiógrafo del Servicio de Hemodinamia del hospital San Bernardo.
Schanz detalló que “lo que lleva más tiempo es encontrar el lugar ideal” dentro del corazón para fijar el dispositivo. En el caso de esta intervención, el equipo realizó cuatro intentos de anclaje en distintas zonas hasta determinar la posición definitiva. Después de cada intento se hicieron pruebas funcionales para evaluar parámetros eléctricos y confirmar que el marcapasos respondiera de forma adecuada antes de dar por finalizado el procedimiento.
En cuanto a los riesgos, el especialista indicó que la principal complicación a tener en cuenta es que el dispositivo pueda soltarse y desplazarse desde el punto donde se lo fijó. Sin embargo, señaló que ese riesgo se controla en el mismo acto del implante, combinando verificaciones físicas y mediciones eléctricas hasta asegurarse de que las anclas se encuentren bien sujetas. Solo una vez cumplidos esos pasos se da por concluida la intervención y se retira el sistema de entrega que se introdujo por la vena femoral.
Recuperación rápida y diferencias en el posoperatorio frente a los marcapasos convencionales
El posoperatorio posterior al implante del marcapasos sin cables fue distinto al de los dispositivos tradicionales, sobre todo en lo referido a las heridas visibles. Como no se realizó un bolsillo en el tórax, el paciente no presentó puntos de sutura en el pecho. El cierre se hizo únicamente en el sitio de la punción femoral, aplicando presión local hasta lograr la hemostasia, sin necesidad de corte amplio ni cicatrices extensas en la piel.
De acuerdo con lo señalado por Schanz, tras el procedimiento el paciente pudo levantarse y caminar por sus propios medios, con un solo punto de acceso en la región inguinal y sin marcas en la zona del corazón. Esta modalidad tiende a acortar los tiempos de recuperación y a disminuir las molestias relacionadas con el bolsillo quirúrgico que se forma en los marcapasos con cables, lo que se traduce en menos dolor local y en un menor riesgo de infección superficial.
Equipo médico, articulación institucional y tendencia hacia técnicas menos invasivas
En la intervención participaron cardiólogos y especialistas en arritmias de distintos ámbitos, entre ellos Sebastián Schanz, Federico Robles, Federico San Millán y Horacio Jáuregui. El procedimiento se organizó con un esquema de cooperación entre profesionales del hospital San Bernardo y especialistas externos, combinando experiencia en electrofisiología, hemodinamia y manejo de dispositivos intracardiacos en un mismo equipo de trabajo.
El caso se concretó en un paciente afiliado a PAMI, a través de una articulación entre el sistema público y el sector privado para poder acceder al marcapasos sin cables en Salta. Los médicos remarcaron que el establecimiento cuenta con un angiógrafo y un servicio de Hemodinamia que permiten llevar adelante prácticas de alta complejidad, y vincularon este tipo de implantes con una tendencia general de la cardiología intervencionista hacia procedimientos cada vez menos invasivos, similares en su lógica a la colocación de stents pero aplicados al campo de la estimulación cardíaca.

