jueves, julio 16, 2026

Mandela y el legado de una frase que volvió a cobrar fuerza

La reflexión publicada en 1994 nació durante su encierro en Robben Island y luego quedó ligada al fin del apartheid en Sudáfrica.

Mandela dejó parte de su legado más conocido en una frase publicada en 1994 en El largo camino hacia la libertad, su autobiografía. Allí sostuvo: “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su origen o su religión. La gente debe aprender a odiar, y si pueden aprender a odiar, se les puede enseñar a amar”. Esa definición, que volvió a circular con fuerza en debates actuales, no apareció como una consigna suelta: nació de su experiencia en prisión, del análisis del apartheid en Sudáfrica y de una idea política centrada en la convivencia.

Ese mismo año, Nelson Mandela asumió como el primer presidente negro de Sudáfrica después de las elecciones democráticas que marcaron el fin del apartheid. Sin embargo, el origen de esa reflexión es anterior. El núcleo del libro empezó a escribirse de manera clandestina durante su encierro en Robben Island, en la década de 1970, cuando redactaba de noche textos a mano que luego eran escondidos por otros presos o sacados fuera de la cárcel.

La cita quedó asociada con una mirada más amplia sobre el racismo y la violencia política. En su planteo, el odio no era un hecho natural sino una conducta aprendida. Por eso, también abría la puerta a pensar que podía ser desarmado por medio de la educación, la política y una reconstrucción social tras años de segregación racial.

El legado de Mandela tomó forma en la cárcel

La autobiografía en la que aparece la frase no fue escrita en tiempos tranquilos ni lejos del conflicto. Por el contrario, empezó a tomar cuerpo mientras Mandela seguía preso en Robben Island. Según el recorrido del libro, aquellas páginas nacieron en condiciones de vigilancia, castigo y aislamiento, con manuscritos escondidos en los huertos de la prisión o retirados en secreto al exterior.

Dentro de ese relato, uno de los pasajes más duros aparece en el capítulo 62, donde reconstruye tramos especialmente pesados de su confinamiento. Allí describe maltratos físicos y un sistema pensado para quebrar a los presos políticos. Aun así, también registró escenas que no encajaban del todo con la lógica cerrada del odio.

Mandela observó que algunos guardias blancos, formados en el nacionalismo afrikáner, en ciertos momentos dejaban ver gestos de compasión cuando aflojaba la presión jerárquica. Esa experiencia lo llevó a una conclusión de fondo: si un joven blanco llegaba a odiar a un hombre negro, antes había actuado una estructura educativa, cultural y legal que le enseñó ese rechazo.

De allí surge otra parte de la frase que muchas veces no aparece en las versiones recortadas. En el libro, la idea se completa así: “Porque el amor nace más naturalmente en el corazón humano que su opuesto”. Esa línea quedó señalada como clave para entender el sentido completo de su pensamiento.

Mandela vinculó ese mensaje con el fin del apartheid

La definición sobre el odio condensó dos aspectos centrales de su mirada política. Por un lado, planteó que el racismo no era un destino inevitable, sino una conducta incorporada. Por otro, propuso una salida práctica para una Sudáfrica que buscaba dejar atrás décadas de apartheid sin entrar en una espiral de destrucción.

En esa lógica, la reconciliación no aparecía como una idea abstracta ni como un gesto de ingenuidad. Más bien, se presentaba como una estrategia concreta para evitar que la transición terminara en un enfrentamiento mayor. El texto vincula esa visión con uno de los momentos decisivos de la etapa democrática sudafricana.

Según esa lectura, la misma orientación ayudó a desactivar una guerra civil que muchos consideraban probable. También explica por qué Mandela usó el Mundial de rugby de 1995 y la camiseta de los Springboks como un recurso para buscar unidad nacional. Ese episodio, años después, fue llevado al cine por Clint Eastwood en la película Invictus.

Así, el libro no ubica la frase como un consejo moral aislado, sino como parte de una construcción nacida del encierro, de la observación del sistema segregacionista y de una decisión política de convivir después de la opresión.

Una frase del legado que volvió a circular en el presente

El texto original también enlaza esa cita con discusiones actuales sobre las formas en que circula el odio en el siglo XXI. Allí se sostiene que ya no hacen falta leyes de segregación explícitas para producir efectos similares en el debate público. En su lugar, menciona algoritmos de optimización de la atención y cámaras de eco en plataformas digitales.

En ese marco, la reflexión de Mandela vuelve a aparecer como una advertencia vigente. La idea de que el odio se aprende fue leída otra vez frente a dinámicas que empujan de manera cotidiana a la sospecha, la polarización y la deshumanización del otro, ya sea por motivos políticos, culturales o religiosos.

El texto además remarca que esa frase resume buena parte del legado de Mandela, también llamado Madiba, nombre del clan con el que se lo conoce de forma afectuosa. La cita “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su origen o su religión” queda así integrada a una experiencia concreta: la cárcel, el análisis del apartheid y la apuesta por la convivencia.

El largo camino hacia la libertad fue publicado en 1994, el mismo año en que Mandela llegó a la presidencia sudafricana tras las elecciones democráticas. En esa obra, la frase se completa con estas palabras: “Porque el amor nace más naturalmente en el corazón humano que su opuesto”.