Al cumplirse 49 años de la primera ronda de las Madres de Plaza de Mayo, vuelve a tomar fuerza una escena que marcó la historia argentina: la caminata iniciada el 30 de abril de 1977 por 14 mujeres que buscaban a sus hijos desaparecidos durante la dictadura. Aquel gesto, nacido en Plaza de Mayo bajo estado de sitio, no quedó encerrado en el pasado. Por el contrario, con el paso del tiempo siguió presente en cada jueves de ronda, en los espacios de memoria y en las acciones ligadas a memoria, verdad y justicia.
Ese día, las mujeres llegaron a la plaza después de recorrer iglesias, comisarías, regimientos y ministerios, donde hasta entonces habían recibido amenazas, silencio o destrato. Cuando las fuerzas de seguridad les ordenaron que no podían quedarse quietas en el lugar, la respuesta tomó la forma de una caminata alrededor de la Pirámide.
La propuesta fue de Azucena Villaflor, que planteó que se acomodaran una detrás de otra para que la fila pareciera más larga. Así, tomadas del brazo, empezaron una ronda que con los años pasó a ser una de las imágenes más fuertes de la lucha por los desaparecidos.
49 años después, la ronda de las Madres de Plaza de Mayo sigue como símbolo
Lo que empezó como una reacción frente a una orden policial terminó convirtiéndose en una práctica colectiva con enorme peso histórico. Aquella caminata no fue un hecho aislado, sino el punto de partida de una forma de reclamo público en medio del terror dictatorial.
Desde entonces, la ronda quedó asociada a los pañuelos blancos y a la búsqueda de los hijos desaparecidos. Sin embargo, su sentido fue más allá de ese momento inicial, porque también se volvió una referencia persistente en la defensa de la memoria y en el pedido de justicia.
El texto original remarca, además, que esa herencia continúa visible en el presente. No solo aparece en las rondas de cada jueves, sino también en jóvenes que participan en espacios de memoria y en quienes sostienen los juicios de lesa humanidad.
El 30 de abril de 1977, una orden de “circulen” dio lugar a una escena histórica
Antes de llegar a Plaza de Mayo, esas madres ya venían golpeando puertas en distintos ámbitos oficiales y religiosos. En esos lugares, según el texto, se encontraban con respuestas atravesadas por la indiferencia o directamente por amenazas.
Cuando se reunieron ese sábado en la plaza, regía el estado de sitio. Por eso, los uniformados les advirtieron que no podían permanecer detenidas en el lugar. La orden fue concreta: “Circulen”.
Lejos de dispersarse, las 14 mujeres transformaron esa imposición en una forma de hacerse visibles. Empezaron a caminar alrededor de la Pirámide y, a partir de ahí, nació una ronda que siguió en el tiempo como una práctica sostenida.
Azucena Villaflor y el inicio de una acción colectiva en Plaza de Mayo
La iniciativa de organizar la fila para que pareciera más extensa fue atribuida a Azucena Villaflor. Ese detalle, aunque simple, resultó decisivo para convertir una presencia perseguida en una acción colectiva reconocible.
De ese modo, la marcha en círculo pasó a representar una forma de organización construida por madres de desaparecidos en plena dictadura. El 30 de abril de 1977, ese grupo de 14 mujeres se reunió en Plaza de Mayo y comenzó una ronda que todavía se mantiene como parte de la vida pública argentina.

