La discusión por la leche de burra, su venta y el papel que puede tener Catamarca en ese mercado volvió a tomar fuerza a partir de la exposición de un productor que ya trabaja con esa actividad. Rogelio Allignani contó que desarrolla un esquema con tambo de burras y cabras, además de una estancia con otros animales, y sostuvo que esta producción podría transformarse en una opción para pequeños y medianos establecimientos. Según explicó, hoy comercializa leche congelada y pasteurizada, junto con cosméticos elaborados con esa misma materia prima.
El planteo apareció mientras sigue abierta la controversia por la posible comercialización de carne de burro. En ese marco, Allignani sumó otra mirada y vinculó la actividad con la posibilidad de mejorar el abastecimiento y la rentabilidad rural. También describió que el producto tiene un precio alto por la escasa cantidad que puede obtenerse por animal y por los costos del proceso.
Las declaraciones fueron realizadas en Radio 750, donde el productor explicó que la escala actual todavía es reducida. Aun así, afirmó que se trata de una experiencia con proyección, sobre todo para unidades productivas chicas y medianas. En su descripción, remarcó que cada burra produce poco y que eso condiciona toda la cadena, desde el ordeñe hasta la venta final.
La producción de leche de burra ya tiene venta concreta y se desarrolla entre Catamarca y Santa Fe
Allignani señaló que su actividad no está en una etapa experimental, sino que ya existe una comercialización en marcha. En la entrevista radial explicó: “Somos productores. Tenemos un tambo de cabras. También de burras. Y tenemos una estancia donde se cría burro, llamas y ovejas”. De esa manera, describió una estructura diversificada, con presencia entre Catamarca y Santa Fe.
Después detalló cómo sale hoy el producto al mercado. “Producimos leche de burra que se vende congelada y pasteurizada. Y una línea de cosméticos, donde procesamos la leche de burra”, afirmó. Esa referencia muestra que la materia prima no se destina a un solo uso, sino que también se inserta en otro segmento vinculado al agregado de valor.
Sobre el precio, indicó: “La leche de burra se vende por medio litro a 14 mil pesos. Pero eso es porque la burra produce muy poco, produce un litro por día y los costos de elaboración son alto”. Con esa explicación, el productor atribuyó el valor final a un rendimiento limitado por animal y a un proceso que exige mayores cuidados para llegar al consumidor.
El productor vinculó la leche de burra con tratamientos médicos y con una alternativa para el campo
Además del aspecto comercial, el productor sostuvo que este alimento ya tiene un destino específico de consumo. En ese punto, remarcó: “Pero la leche que se vende en dietéticas, que va a consumo pero para tratamiento médico. Es un gran sustituto para los chicos que tienen alergia a la proteína de la leche”. Así, relacionó la producción con una demanda puntual dentro del mercado.
También comparó sus características con otros tipos de leche. Según dijo, la leche de burra “es muy parecida a la leche humana” y agregó que “tiene características excepcionales, como bioestimulante”. En la misma intervención, mencionó antecedentes históricos sobre su uso: “Se conoce desde hace mil años. Ya Hipócrates la recetaba para problemas hepáticos”.
Junto con esas definiciones, Allignani afirmó que fue uno de los primeros en avanzar con esta producción, aunque aclaró que no es una práctica aislada. “Fuimos los primeros que comenzamos con la producción, pero hay muchos otros países que trabajan a la leche. Y está el tema de la carne de burro, que es un proyecto a futuro”, expresó.
La polémica por la carne de burro volvió a cruzarse con la discusión sobre nuevos mercados
El planteo sobre la leche apareció en medio de otro debate que sigue generando reacciones: la posibilidad de habilitar la venta de carne de burro en carnicerías y restaurantes. Esa iniciativa, impulsada por un productor del sur del país, abrió una discusión que todavía continúa, especialmente en un escenario de consumo golpeado por la suba de precios y por los hábitos históricos de compra de carne vacuna.
Frente a esa controversia, Allignani manifestó su respaldo a esa posibilidad y consideró que parte de las críticas surgieron por una lectura errónea de la propuesta. En la entrevista dijo estar “totalmente de acuerdo” y agregó que hubo una “desvirtuación” por un “desconocimiento”.
Para sostener esa postura, explicó: “El burro es un habitante natural. Están en manadas que viven salvajes. El burro se convierte en animal que ya está adaptado. Y podría ser, nosotros lo planteamos así, un proyecto social muy importante”. Luego sumó otra definición vinculada al sostén económico de los establecimientos rurales: “Porque podría solucionar el problema de consumo cotidiano de las familias rurales. Haría rentables propiedades que hoy no lo son”.
En cuanto a la escala actual de su emprendimiento, precisó: “Nosotros ordeñamos unas 30 burras. La escala de producción es baja. Pero es una alternativa de producción interesante a futuro. Sobre todo para pequeños y medianos productores”.

