Un vecino de La Silleta denunció que el comedor Gauchito Gil quedó clausurado y que desde hace dos años no logra renovar la habilitación comercial para seguir trabajando. El planteo fue realizado por Enrique Eguez, quien dijo que su único ingreso sale de ese local gastronómico del Valle de Lerma. Según su versión, el conflicto empezó con trabas en el trámite municipal y luego derivó en el cierre del negocio. También sostuvo que la situación golpea a tres empleadas que dependían de esa fuente laboral en una zona donde la tradición comercial y la identidad productiva tienen un peso fuerte.
Eguez señaló que el comedor está ubicado sobre calle San Martín, en La Silleta, a pocos metros del comercio del delegado municipal. Afirmó que contaba con habilitación desde 2016 y remarcó que ese permiso había sido obtenido antes del proceso sucesorio al que hace referencia. En su denuncia pública, vinculó el problema no solo con una cuestión administrativa, sino además con una disputa familiar derivada de una herencia.
De acuerdo con su relato, la imposibilidad de renovar la habilitación frenó otros trámites necesarios para sostener la actividad. En ese punto, aseguró que sin esa aprobación no pudo avanzar con permisos vinculados a la venta de bebidas, seguro contra terceros, fumigación y matafuegos, entre otras exigencias. La situación generó repercusión en La Silleta por tratarse de un comercio conocido en el corredor del Valle de Lerma.
El comedor Gauchito Gil clausurado en La Silleta quedó en el centro del reclamo
El comerciante explicó que en marzo de 2024 presentó la documentación para continuar con su actividad, pero sostuvo que la respuesta fue negativa pese a que, según dijo, tenía “todo en regla”. A partir de ahí, señaló que comenzó una cadena de pedidos técnicos y burocráticos que consideró imposibles de cumplir o sin coherencia con lo que se exige en otros locales.
En su exposición pública, Eguez sostuvo que el comedor cuenta con baño y con documentación al día, incluida la correspondiente a bomberos. Sin embargo, remarcó que la falta de renovación de la habilitación le cerró el paso a otros trámites indispensables para mantener el negocio funcionando de forma integral.
El caso generó atención en La Silleta porque se trata de un emprendimiento instalado desde hace años y ligado al movimiento diario de la zona. En una localidad del Valle de Lerma donde la gastronomía también forma parte de la tradición y del orgullo regional, el cierre del comedor abrió una discusión sobre el impacto concreto que puede tener una medida de este tipo en una economía familiar.
La denuncia también apunta al efecto sobre el trabajo y el ingreso familiar
Eguez afirmó que su situación personal es delicada, ya que indicó tener una discapacidad y depender exclusivamente del comedor para sostenerse. Además, aseguró que de esa actividad también dependían tres trabajadoras. Según precisó, dos de ellas son madres solteras.
En ese mismo relato, agregó que una de las empleadas es madre de una niña con discapacidad y que otra atraviesa un tratamiento oncológico, por lo que utilizaba ese salario para cubrir medicación. De esa manera, el planteo dejó de ser solo comercial y pasó a mostrar una dimensión social en una comunidad donde muchas familias viven de pequeños emprendimientos.
La familia difundió un descargo en el que señaló que la clausura puso en riesgo la continuidad de un negocio que sostenían desde hacía años. En ese texto afirmaron: “Es triste ver como un emprendimiento familiar de años, el cual nos permitio vivir de eso, estudiar gracias a eso, poder progresar, brindar fuentes de trabajo, hacer que mi pueblo sea reconocido o visitado por su gastronomia, hoy fue clausurado. Si gentee CLAUSURADO”.
Qué dijo la familia sobre los trámites y las inspecciones
En el mismo mensaje, la familia sostuvo que la medida no fue justificada y remarcó que el local venía funcionando con habilitación, pago de impuestos y permisos vigentes. Allí expresaron: “Lo que mas bronca me da, es que NO es una clausura justaaa. El comedor tenia habilitacion, se pagaba impuestos y se tenia los permisos correspondientes”.
También indicaron que el conflicto comenzó al momento de renovar la habilitación, ya que de ese trámite dependía la actualización del resto de los permisos. En ese tramo señalaron: “Cuando llego el momento de RENOVARLA comenzo todo el problema, nos ponian miles de trabaas para RENOVAR la habilitacion, la cual me permite a su vez que se vuelvan a renovar todos los demas permiso. Pero obviamente nunca la pudimos obtener”.
Además, la familia aseguró que no hubo falta de voluntad para cumplir con los requisitos ni para afrontar gastos, sino reiteradas negativas. En ese punto afirmaron: “Esto no fue algo que nosotros no quizimos hacer o pagar.. no gente, nos NEGARON incansables veces esa bendita habilitacion pidiendono requisitos absurdos”.
En otro tramo del descargo, mencionaron inspecciones y comunicaciones oficiales repetidas desde el inicio de la gestión municipal. Allí expresaron: “Desde que comenzo la gestion fue una desgastante lucha ya que creo que somos el unico comedor al que la muni mando tantas ‘visitas’ y cartaas documento”. La misma publicación también indicó que buscaban alternativas para destrabar la situación y advirtió que la continuidad laboral de las trabajadoras estaba comprometida.

