Kicillof mueve fichas en el peronismo: la interna que puede cambiar el camino a 2027

En La Plata ya no dan por segura una candidatura única y analizan cómo ordenar la pelea interna del peronismo.

Axel Kicillof empezó a mirar otro tablero dentro del peronismo. En su entorno ya no toman como segura la idea de un candidato único para 2027 y evalúan una PASO como salida posible. La tensión con CFK, la falta de una reunión y el discurso de Máximo Kirchner en Parque Lezama dejaron expuesta una pelea que, según leen en La Plata, podría terminar con el gobernador bonaerense enfrentando a un postulante impulsado por el cristinismo.

La discusión no pasa solamente por nombres propios. También aparece una pregunta de fondo: cómo se ordena el peronismo si no hay conducción común, si los sectores internos no ceden y si la candidatura presidencial queda atravesada por una disputa entre La Plata, La Cámpora y el espacio que sigue a Cristina Kirchner.

En el kicillofismo consideran que el acto encabezado por Máximo Kirchner terminó de confirmar una señal que venían observando: Kicillof no sería el nombre elegido por los Kirchner para encabezar el próximo proyecto nacional. Esa lectura, según dirigentes cercanos al gobernador, aceleró el análisis de una competencia abierta.

Kicillof y la PASO: la salida que empezó a ganar lugar en La Plata

Hasta hace poco, una parte del peronismo todavía imaginaba la posibilidad de negociar una síntesis. Sin embargo, cerca de Kicillof sostienen que ese escenario perdió fuerza. En ese marco, la primaria aparece como una herramienta para medir peso político y evitar que la definición quede cerrada en una mesa chica.

La idea que circula en La Plata es simple: si el cristinismo empuja otro nombre, el gobernador bonaerense estaría dispuesto a competir. En ese esquema podrían aparecer dirigentes vinculados a distintos sectores del peronismo, entre ellos Sergio Massa, Guillermo Moreno o Juan Grabois, de acuerdo con las conversaciones mencionadas por fuentes del espacio.

La primaria, para el Movimiento Derecho al Futuro, serviría para canalizar una pelea que ya no se puede esconder. Además, permitiría ordenar candidaturas en un contexto donde intendentes, legisladores y referentes territoriales advierten que no existe una estrategia compartida rumbo a las elecciones.

El análisis incluye una condición importante: qué hará el gobierno nacional con las PASO. Si el Congreso avanzara con una derogación, el kicillofismo no descarta que la elección general funcione como instancia de competencia entre sectores peronistas, parecida a lo que ocurrió en 2003.

CFK y la reunión pendiente: ocho meses sin diálogo directo

La relación entre Kicillof y Cristina Kirchner atraviesa un tramo crítico. Según dirigentes del peronismo, llevan ocho meses sin verse ni hablar. Algunos todavía creen que una recomposición es posible, pero otros dan por hecho que el vínculo político quedó muy deteriorado.

En el entorno del gobernador bonaerense hacen una diferencia clara: no descartan una conversación con CFK sobre el futuro del peronismo, pero rechazan que el encuentro sea para revisar viejos reproches. Un alto funcionario bonaerense lo resumió con una frase que repiten en ese sector: “Si es para adelante, hay un montón de temas para hablar. Pero no hay diálogo posible si lo único que se busca hacer es una autopsia, si solo importa repartir culpas”.

Entre los asuntos que La Plata considera abiertos figuran la reelección de intendentes, el posible desdoblamiento electoral, el impacto de la deuda sobre un eventual gobierno justicialista, la relación con espacios que están afuera del PJ y el armado de una propuesta peronista en las provincias.

El punto de mayor fricción es el lugar de Cristina Kirchner en una futura construcción. Cerca de Kicillof aseguran que no busca excluirla, aunque tampoco acepta quedar subordinado a una conducción externa. En su mesa política insisten en que el gobernador no quiere repetir el esquema de Alberto Fernández ni aparecer como un postulante definido por otros.

Máximo Kirchner y el mensaje de Parque Lezama: una señal que tensó la interna

El discurso de Máximo Kirchner en Parque Lezama tuvo un efecto inmediato dentro del kicillofismo. Allí, el jefe de La Cámpora habló sobre errores del pasado y apuntó a la experiencia del último gobierno peronista, con Alberto Fernández en la Casa Rosada. En La Plata interpretaron ese tramo como una advertencia dirigida a Kicillof.

El mensaje fue leído como un intento de marcar límites al gobernador bonaerense. En particular, dirigentes cercanos a Kicillof tomaron nota de la definición sobre la necesidad de tener una candidata y no postulaciones por descarte. Para ese sector, la frase buscó instalar que el mandatario provincial no debe ser considerado el candidato natural del peronismo.

Un intendente del conurbano que estuvo en el acto describió el clima con una frase breve: “Lo del sábado no ayudó para construir un diálogo. Hay que hablar. Es todo muy complicado. Pero falta mucho”. La expresión refleja el diagnóstico de varios jefes territoriales, que ven una interna abierta y sin señales firmes de tregua.

Entre los dirigentes alineados con Kicillof, el discurso fue recibido como un veto político. Un referente que conversa de manera habitual con el gobernador planteó: “¿Puede ser Kicillof un peor presidente que Milei?“. Luego agregó: ”Háganlo más fácil. Confiésen, de cara a la sociedad, que no quieren que Axel sea candidato. Debe ser porque tienen miedo de no poder dominarlo o de que no les dé lugar si llega al Gobierno”.

La reacción más dura surgió desde el Movimiento Derecho al Futuro. Cerca del mandatario bonaerense afirmaron: “Usaron una causa justa, como la inocencia de Cristina, para putear a Axel y legitimar a Máximo como conductor del espacio. Fue una estafa”. Esa interpretación dejó prácticamente sin margen una reunión entre Kicillof y el jefe de La Cámpora.

La disputa por el liderazgo: el cristinismo marca condiciones y La Plata responde

Del lado de Cristina Kirchner, el reclamo central apunta a que Kicillof no fue a verla al departamento de San José 1111. En La Plata contestan que el gobernador ya estuvo allí en octubre del año pasado y que aquel encuentro terminó mal, atravesado por reproches y acusaciones. Según esa reconstrucción, ni siquiera hubo una foto de la reunión.

En el cristinismo sostienen que Kicillof no muestra el nivel de solidaridad ni de reconocimiento que debería hacia quien fue clave en su crecimiento político. En la vereda de enfrente, el gobernador no se considera obligado a volver a San José 1111 ni a aceptar exigencias del sector que rodea a la ex presidenta.

La pelea también tiene una dimensión electoral. El cristinismo insiste con que Kicillof no conserva volumen propio sin los votos de Cristina Kirchner. Desde esa mirada, si la ex presidenta moviera su respaldo hacia otro dirigente, el gobernador bonaerense quedaría en una situación mucho más débil.

En La Plata dicen que esa advertencia no los paraliza. La respuesta que transmiten funcionarios cercanos al gobernador es que, si el sector de CFK promueve otro postulante, la disputa debería resolverse mediante una competencia interna. No ven viable una interna partidaria amplia como la propuesta por Sergio Uñac, pero tampoco observan condiciones para un acuerdo de unidad.

El antecedente que aparece en las charlas es el de 2003, cuando el justicialismo llegó dividido a la elección general con Carlos Menem, Néstor Kirchner y Alberto Rodríguez Saá como expresiones de origen peronista. Ese escenario figura ahora en los análisis del kicillofismo si no hay PASO, no hay pacto y cada sector decide sostener su propio armado rumbo a 2027.