jueves, julio 16, 2026

Orgullo del Valle de Lerma: la misión antártica de Juan Burgos, desde Campo Quijano al continente blanco

El salteño Juan Burgos cerró un año de servicio en la Base San Martín durante la Campaña Antártica de Verano 2025/26 y ya navega de regreso al continente.

El suboficial principal Juan Burgos, nacido y criado en Campo Quijano, concluye un año completo de trabajo antártico a bordo del rompehielos ARA “Almirante Irízar”, que actualmente navega entre los hielos rumbo al continente. El militar salteño integró la dotación de la Base Antártica Conjunta San Martín durante toda la Campaña Antártica de Verano (CAV) 2025/26, en una experiencia que lo llevó desde el Valle de Lerma hasta uno de los puntos más australes del país. La unidad de la Armada Argentina participa del recambio de personal en las bases permanentes de la península antártica, en la etapa final de la campaña.

Este regreso marca el cierre de un período de servicio en condiciones extremas, donde Burgos formó parte de un grupo reducido de especialistas encargados de mantener operativa la base. Su paso por el continente antártico se desarrolló en aislamiento prolongado, con clima riguroso y lejos de su familia en Campo Quijano, pero con apoyo logístico constante desde el continente. El operativo se enmarca en las tareas anuales que el país sostiene para garantizar la presencia científica y estratégica en la región.

La historia del suboficial cobra especial relevancia en el Valle de Lerma, donde la tradición militar y el orgullo regional se combinan con una fuerte identidad productiva y de trabajo. Desde esa base social, y con origen en Campo Quijano, Burgos fue uno de los representantes salteños que sostuvo durante 12 meses la actividad en la Base Antártica Conjunta San Martín, en un entorno completamente distinto al paisaje de los cerros y cultivos de la zona.

Un salteño del Valle de Lerma en la Base Antártica Conjunta San Martín

Oriundo de Campo Quijano, corazón ferroviario y productivo del Valle de Lerma, Juan Burgos integró una dotación de 20 personas que fue desplegada en la Base Antártica Conjunta San Martín. El grupo llegó a la instalación el 29 de marzo de 2025, donde permaneció durante un año completo, con una rutina marcada por las bajas temperaturas, la lejanía del continente y la necesidad de sostener la operatividad diaria de la base.

La base se encuentra en un islote homónimo en Bahía Margarita, en una de las zonas más australes y aisladas del país. Desde allí se coordinan operaciones logísticas clave para el sistema antártico argentino, pero además se desarrolla una intensa tarea científica. El Laboratorio Antártico Multidisciplinario de la base San Martín concentra estudios en geomagnetismo, ionosfera, fitoplancton, geodesia y glaciología, entre otras líneas de trabajo, que se apoyan en mediciones permanentes y salidas de campo.

El entorno natural que rodea la base ofrece un escenario singular para la investigación: abundan líquenes y musgos adaptados al frío extremo, mientras que la fauna incluye pingüinos Adelia, focas de Weddell, orcas y distintas especies de aves marinas. Todos estos elementos conviven con las instalaciones, antenas y equipos que sostienen la presencia humana en la zona y que fueron parte del paisaje cotidiano para el suboficial salteño durante su misión antártica.

Según se detalló desde la propia dotación, las condiciones ambientales se vuelven aún más severas entre junio y noviembre, cuando el mar se congela y la superficie queda dominada por el hielo. En ese período se aprovecha para realizar exploraciones científicas sobre el hielo marino, combinando dificultades operativas con un entorno adecuado para campañas específicas de campo.

Las tareas de Juan Burgos y la convivencia en el continente antártico

Con 47 años y perteneciente a la Infantería de Marina, Juan Burgos asumió varias responsabilidades simultáneas en la Base Antártica Conjunta San Martín. Durante la campaña ejerció como responsable logístico, referente de medioambiente y encargado de tareas de Búsqueda y Rescate, funciones que exigen preparación previa y coordinación permanente con el resto del personal destacado en la zona.

Entre sus actividades diarias se incluyó el control y la clasificación de todos los residuos generados en la instalación, siguiendo protocolos específicos para reducir al máximo el impacto sobre el ambiente. Sobre esa tarea, Burgos explicó que el equipo recibió instrucción especial antes del despliegue: “Recibimos capacitación durante todo el 2024 para cuidar el patrimonio natural, que incluye tanto la flora como la fauna del lugar”, indicó, al describir la importancia del trabajo ambiental dentro de la base.

Además de sus funciones técnicas, Burgos compartió la vida diaria con integrantes de distintas fuerzas. La base reúne personal de varios ámbitos, lo que obliga a construir códigos comunes de convivencia lejos del continente. En ese marco, el suboficial remarcó el clima de trabajo: “La camaradería fue muy buena. Es interesante aprender de las distintas culturas de cada fuerza. Nosotros, en la Armada, estamos acostumbrados a pasar mucho tiempo lejos de la familia, y eso nos fortalece como equipo”, señaló al hacer un balance del año compartido con sus compañeros.

La experiencia en el continente blanco se sumó a un historial de operaciones internacionales previas. Burgos ya había sido desplegado en misiones en Chipre y Haití, por lo que su paso por la Antártida se enmarca en una trayectoria de servicio de varios años. Al comparar esos antecedentes con lo vivido en la base San Martín, resumió: “Ingresar a la Armada fue la mejor decisión que tomé. Las experiencias son únicas. Una cosa es entrenar y otra muy distinta es enfrentarse a lo desconocido y al clima extremo. Esto fue inolvidable”.

El regreso del suboficial antártico y el vínculo con Campo Quijano

Mientras el ARA “Almirante Irízar” avanza entre hielos en la península antártica para completar el recambio de dotaciones dentro de la CAV 2025/26, Juan Burgos se prepara para cerrar su ciclo anual como suboficial antártico y volver a reunirse con sus familiares en Campo Quijano. El viaje de retorno marca el final de una etapa que lo llevó desde el Valle de Lerma hasta la Base San Martín y nuevamente de regreso al continente.

En la zona de Campo Quijano y alrededores se destaca el orgullo regional por la presencia de vecinos que participan en misiones nacionales de largo alcance, que complementan la identidad productiva y ferroviaria del municipio. En este caso, la participación de Burgos en la base antártica se desarrolló como parte de la planificación anual de la Armada Argentina, en coordinación con el resto de las fuerzas que sostienen la campaña en el continente blanco. El operativo de relevo continúa a bordo del rompehielos “Almirante Irízar”, que sigue navegando en la región para completar la rotación de personal en las bases permanentes.