martes, junio 9, 2026

El lavado de un auto quedó en el centro del caso Agostina

Gabriel y Ezequiel Ludueña relataron cómo recibieron el Ford Ka negro y qué observaron cuando hicieron el trabajo.

Los hermanos Gabriel y Ezequiel Ludueña declararon en Córdoba después de haber lavaron un auto que la investigación ubica en la causa por el crimen de Agostina Vega. Se trata del Ford Ka negro que, según el expediente, habría sido usado por Claudio Barrelier para mover restos de la adolescente. Los hombres contaron que hicieron el trabajo sin saber qué relación tenía el vehículo con el hecho y señalaron que recién al día siguiente, al ver las noticias, entendieron por qué ese auto había quedado bajo la lupa.

De acuerdo con su relato, el coche fue llevado por el hijo de Soledad Andreani, dueña del vehículo y vecina de ambos, el martes 26. Los hermanos se dedican a limpiar autos y dijeron que ya habían hecho tareas para esa familia en otras oportunidades. En su testimonio remarcaron que no vieron manchas ni señales visibles dentro del habitáculo, aunque sí les llamó la atención la gran cantidad de tierra pegada en la parte exterior.

La causa tiene a Barrelier, de 33 años, como único detenido e imputado. La reconstrucción judicial señala que el lunes 25 el sospechoso tuvo el Ford Ka durante más de una hora. Para los investigadores, en ese lapso el auto habría sido utilizado para trasladar los restos de Agostina, de 14 años. Una semana después de su desaparición, el cuerpo fue encontrado desmembrado en un descampado del barrio Ampliación Ferreyra.

Los hermanos contaron cómo recibieron el auto y qué hicieron al lavarlo

Gabriel Ludueña relató que todo ocurrió mientras trabajaban sobre la calle Zavalía al 1200, a pocos metros de la casa de Andreani. Según dijo, estaban ocupados con otro vehículo cuando llegó el hijo de la mujer y les dejó el Ford Ka para limpiar. El encargo, afirmó, no les resultó extraño porque no era la primera vez que desde esa vivienda les pedían trabajos.

En esa misma línea, explicó que el joven ya les había solicitado antes el lavado del coche y que también Soledad Andreani solía acercarse para pedir otras tareas. Entre esos trabajos mencionaron limpieza de vereda y poda de árboles. Por eso, la llegada del auto ese martes fue tomada por ellos como una jornada común de trabajo.

Sobre lo que hicieron en concreto, los Ludueña fueron precisos ante los investigadores. Indicaron que limpiaron la parte externa del vehículo y que, en el interior, solo sacaron las alfombras, las lavaron y luego las volvieron a colocar. Gabriel insistió en que no abrieron el baúl porque nadie se los pidió. “Lo limpiamos por afuera, lo único que hicimos por adentro fue sacarles las alfombras, las lavamos y las volvimos a poner. No abrimos el baúl. Yo hago lo que me piden. Si me dicen; abrí el baúl y limpialo o mismo limpiale el motor, yo lo hago. Pero en este caso no me lo pidieron”.

El dato del auto que más les llamó la atención apareció en la suciedad

Cuando comenzaron a trabajar, hubo un aspecto que les quedó marcado. Gabriel contó que el exterior del Ford Ka tenía una cantidad de tierra mayor a la habitual y que les costó más de lo normal sacarla. Esa suciedad, según describió, estaba adherida con fuerza y demandó más esfuerzo que en otros lavados.

Al mismo tiempo, el interior les generó una impresión opuesta. Mientras afuera había mucha mugre, adentro el coche estaba ordenado y con aspecto de haber sido ya limpiado. Esa combinación fue uno de los puntos que después, al conocer los detalles de la investigación, cobró otro sentido para ellos. “Tenía mucha tierra. Más de lo normal, nos costó sacar toda la tierra que tenía”, explicó Gabriel.

Los hermanos aseguraron que no observaron rastros de sangre ni manchas. Tampoco dijeron haber encontrado elementos extraños dentro del habitáculo. Según su relato, en el interior solo había “dos latitas de gaseosa”. Gabriel remarcó: “No vimos nada, ni sangre, ni manchas. Estaba impecable, solo dos latitas de gaseosa”.

Qué dijo Gabriel sobre Barrelier y por qué terminaron declarando

Después de que el caso tomara estado público, los hermanos fueron convocados para contar lo que habían hecho con el vehículo. Gabriel explicó que recién al día siguiente del lavado advirtieron la relevancia que podía tener ese trabajo dentro del expediente. A partir de allí, dieron su versión ante la Justicia sobre la tarea realizada y sobre el estado en que recibieron el coche.

En declaraciones a Clarín, Gabriel expresó su malestar por haber quedado involucrado de forma indirecta en un hecho de semejante gravedad. “En el momento me quise matar porque fuimos parte o somos un eslabón que utilizó este tipo y nos manipuló. Como que dimos a entender que se borró algo pero uno en el momento no sabía lo que había pasado con el auto”, dijo. También agregó: “Nos vinieron a buscar y fuimos a declarar. Este tipo es un hijo de puta. Feo porque involucró a mucha gente, a nosotros, a Soledad, hay varios involucrados por este tipo. Siento mucha impotencia porque por un simple lavado que hicimos porque estamos desocupados y tenemos necesidad, nos pasó esto”.

Gabriel además contó que su realidad laboral es inestable y que el lavado de autos forma parte de su sustento diario junto a su hermano. Señaló que antes trabajó durante diez años en una empresa de colectivos, pero que dejó esa actividad tras sufrir un accidente. También dijo que hace trabajos en un semáforo de Aguirre y Malvinas, en Córdoba. “Trabajé en una empresa de colectivos durante diez años. Tengo 50 años, tuve un accidente y me fui. Ahora arranqué a limpiar autos con mi hermano, hacemos lo que sea”.

La reconstrucción del caso Agostina y el uso que la causa atribuye a Barrelier

La secuencia investigada ubica el uso del Ford Ka negro un día antes del lavado. Según contó Soledad Andreani a Clarín, el lunes 25 le prestó el auto a Claudio Barrelier. De acuerdo con esa versión, el acusado le dijo que necesitaba el vehículo para llevar ropa a un tío recién operado. La mujer recordó: “Me llamó y me dijo que iba hasta mi casa en Uber”.

Ese mismo lunes 25 de mayo, cámaras de seguridad registraron el ingreso y la salida del coche entre las 11.45 y las 12.15. Para los investigadores, durante ese tramo el vehículo quedó en manos de Barrelier por más de una hora y habría sido utilizado para trasladar los restos de Agostina en un balde de 20 litros y bolsas de consorcio.

La adolescente había desaparecido el sábado 23 a las 22.30, después de encontrarse con Barrelier en la esquina de Fragueiro y Juan Del Campillo. Antes de eso, según surge de la causa, le había dicho al remisero que la llevó y también a sus amigas que junto a él le harían “un regalo sorpresa” a su mamá, Melisa Heredia.

Una semana más tarde, el cuerpo desmembrado de Agostina fue hallado en un predio de 240 hectáreas en el barrio Ampliación Ferreyra. De acuerdo con lo informado en la investigación, los restos estaban a tres kilómetros campo adentro, en una zona de pastizales, lagunas, cercos y barro. Fuentes cercanas al expediente sostienen que la menor fue víctima de abuso sexual y que la causa de muerte sería asfixia mecánica. En esa línea, indicaron que Barrelier la habría ahorcado. “La abusó, la mató y la descuartizó. Luego, la sacó en bolsas”.