La planta principal de Tía Maruca en Albardón, San Juan, quedó totalmente paralizada en un cierre que frenó la actividad de la fábrica y golpea de manera directa a los trabajadores de ese establecimiento. Según la información difundida, la empresa no logró sostener la producción por una combinación de ventas en baja, mayores costos y problemas para conseguir financiamiento. La situación afecta a una firma con presencia nacional y vuelve a mostrar las dificultades que atraviesa parte de la industria argentina para mantener sus operaciones.
La planta principal de Tía Maruca quedó detenida por completo
La firma de galletitas dejó de operar en su establecimiento central ubicado en Albardón. El cierre de la fábrica implicó el freno total de una planta que venía funcionando desde hace años y que formaba parte del esquema productivo principal de Tía Maruca.
De acuerdo con lo que se informó, la empresa no pudo sostener el ritmo de elaboración en un escenario económico adverso. Entre las razones mencionadas aparecen la caída de las ventas, el aumento de los costos y, además, las dificultades para acceder a financiamiento.
Con esta interrupción, queda suspendida la actividad de una compañía que logró distribuir sus productos en distintos puntos del país. Aunque el impacto inmediato se concentra en San Juan, el caso también se sigue con atención en otras provincias por lo que representa para el sector industrial.
El caso expone problemas de competitividad dentro de la industria alimenticia
El freno en Tía Maruca vuelve a poner sobre la mesa una combinación que pesa sobre muchas empresas: producir cuesta más, vender se hace más difícil y conseguir respaldo financiero no siempre está al alcance. En esa cadena, cualquier desequilibrio puede derivar en un cierre o en una baja fuerte de actividad.
Para provincias como Salta, donde la industria también depende de costos logísticos, consumo interno y acceso al crédito, este tipo de casos se mira con preocupación. Aunque la noticia corresponde a San Juan, el problema atraviesa cadenas de valor que se repiten en distintas regiones del país.
Cuando una fábrica se detiene, no solo se frena la producción. También quedan alcanzados trabajadores, proveedores y servicios vinculados a la operatoria diaria de la planta, sobre todo en economías regionales donde el movimiento industrial tiene peso en el empleo.
Tía Maruca nació como emprendimiento familiar y había ampliado su capacidad
La empresa había comenzado en 1998 como un proyecto familiar. Con el paso del tiempo, fue creciendo y amplió su escala de elaboración hasta consolidar presencia comercial en el mercado argentino.
En ese proceso de expansión, en 2017 sumó otra planta para aumentar su capacidad productiva. Hasta el momento, no se informaron definiciones sobre el futuro de esa otra instalación.

