Crece la discusión por el consumo de carne de burro y el reclamo de la Asosiación Protectora en Chubut

La polémica sumó objeciones legales y advertencias por posibles faenas sin trazabilidad en medio del debate sobre nuevas alternativas de consumo.

El consumo de carne de burro en Chubut abrió una polémica que ya salió de esa provincia y se instaló en otras regiones del país. La Asosiación Protectora, identificada en este caso con la Asociación Protectora de Rescate Equino (APRE), junto con una coalición federal de organizaciones, expresó su rechazo al faenamiento y a la comercialización de burros y mulas. El planteo se apoya en tres puntos centrales: la falta de una regulación específica para estas especies en el mercado interno, los posibles riesgos para la salud pública y las denuncias sobre el trato que reciben los animales.

La discusión apareció en un momento en que la carne de burro empezó a ganar visibilidad en la Patagonia. Según el planteo difundido por las entidades, la ausencia de un marco normativo claro impide asegurar trazabilidad sobre el origen de los animales y sobre las condiciones en las que fueron criados, transportados o faenados. A la vez, advirtieron que esto puede derivar en problemas sanitarios y en un escenario de mayor vulnerabilidad para los consumidores.

En paralelo, el debate también sumó un costado productivo. La comercialización de esta carne despertó interés entre algunos actores vinculados a la actividad, en un contexto atravesado por la baja en el consumo de carne vacuna y por la búsqueda de alternativas. Sin embargo, las organizaciones remarcaron que ese avance no puede separarse de los controles bromatológicos, del marco legal vigente y del bienestar animal.

La Asosiación Protectora puso el foco en la trazabilidad y en los riesgos del consumo

Uno de los cuestionamientos más fuertes de APRE apunta a que en la Argentina no existe, según señalaron, una regulación específica para el consumo interno de burros y mulas. Desde esa mirada, la venta de carne de burro sin un esquema claro de control impediría verificar con precisión el recorrido del animal y las condiciones sanitarias previas a la faena.

La entidad indicó que muchos equinos cumplen tareas de trabajo o son animales de compañía. Por esa razón, advirtió que podrían haber recibido medicamentos no aptos para consumo humano, entre ellos antiinflamatorios y antibióticos. Para las organizaciones, ese punto no es menor, ya que conecta de manera directa el debate productivo con la seguridad alimentaria.

Además, APRE sumó otra advertencia: la posibilidad de faenas clandestinas. Según expuso, si hay circuitos por fuera de los controles formales, aumentan los riesgos de enfermedades zoonóticas por la falta de revisión bromatológica. En ese marco, el rechazo al consumo de carne de burro no quedó solamente en un plano ético, sino también sanitario.

El rechazo también incluyó objeciones legales y denuncias por maltrato animal

Las organizaciones que intervinieron en la discusión recordaron la vigencia de la Ley 14.346, que sanciona actos de crueldad hacia los animales. A partir de esa norma, cuestionaron que los equinos sean tratados como “unidades de biomasa”, sin considerar su condición de seres sintientes.

La entidad definió esta práctica como un “retroceso humanitario”. También sostuvo: “No es cultura, es crueldad. No es soberanía alimentaria, es falta de control sanitario”. Esa fue una de las expresiones más difundidas en medio de una controversia que tomó fuerza en las últimas semanas en la Patagonia.

Junto con eso, APRE denunció fallas en el transporte y en el acopio de los animales. En su presentación habló de situaciones de hacinamiento y abandono. Esos señalamientos fueron incorporados al reclamo general contra el faenamiento de burros y mulas tanto en Chubut como en el resto del país.

La polémica sumó repercusión pública y pedidos de intervención

Mientras la discusión avanzó en la agenda pública, la coalición de ONGs pidió una intervención urgente de organismos de control, áreas de bromatología y autoridades provinciales para que se investiguen los hechos denunciados. También reclamó sanciones para quienes impulsen estas prácticas.

La controversia volvió a poner en debate los límites entre producción, consumo, control sanitario y bienestar animal. En Chubut y en la Patagonia, el tema quedó instalado a partir del crecimiento de visibilidad de la carne de burro y del rechazo expresado por APRE y otras organizaciones.