La localidad de Vaqueros tendrá este año un atractivo especial en su carnaval: una marioneta monumental llamada La Mantis, de seis metros de alto y construida casi por completo con material reciclado, se suma al corso de la alegría como una de las figuras más llamativas. El títere saldrá a la calle el jueves doce y el sábado catorce de febrero, en pleno circuito de los corsos vaquereños, donde compartirá escena con comparsas, música y espuma en los tradicionales festejos de carnaval.
La participación de La Mantis tendrá una pausa intermedia, ya que el viernes trece no formará parte del desfile. En cambio, la segunda aparición, prevista para el sábado, coincidirá con el Día de los Enamorados, sumando una postal particular a la celebración popular que año a año convoca a vecinos de Vaqueros y de distintos puntos del área metropolitana.
La propuesta se apoya en la combinación de arte, reutilización de residuos y trabajo colectivo, y se inscribe dentro de las actividades culturales que distintas organizaciones vienen impulsando para jerarquizar el carnaval en Vaqueros sin perder el espíritu barrial y familiar del encuentro.
La Mantis: el títere reciclado que domina el corsódromo de Vaqueros
La Mantis es una marioneta mecanizada de gran escala que puede mover la cabeza y las alas durante su recorrido por el corsódromo. Este sistema le da un aspecto dinámico, que se potencia con la iluminación, la música y la cercanía con el público que acompaña el carnaval en Vaqueros. La estructura fue realizada casi íntegramente con elementos cotidianos reutilizados, lo que la convierte en una pieza artística basada en el reciclaje.
Según detalló a El Tribuno la secretaria de Cultura de la Municipalidad, Claudia Pastrana Méndez, la obra está elaborada con “botellas, bolsas de súper, bandejitas de comida”, en referencia al origen de los materiales que se usaron para darle forma al enorme insecto. El proceso de construcción demandó alrededor de seis meses de trabajo continuo por parte del equipo que llevó adelante el proyecto.
La iniciativa surgió del colectivo de artistas plásticos La Cofradía de La Mantis, que tomó como disparador la figura de la mantis religiosa —conocida popularmente como mamboretá— y los recuerdos de los corsos de antaño, cuando era habitual encontrar intervenciones artísticas de gran tamaño en la vía pública. A partir de esas memorias, se propusieron crear un títere gigante que pudiera interactuar con la gente y sumar una estética distinta a los festejos de carnaval.
Además de la presencia impactante de la marioneta en el desfile, el grupo responsable buscó que la obra sirviera como ejemplo de cómo el material descartado puede transformarse en una pieza cultural que forma parte del patrimonio artístico local, sin perder de vista el disfrute del público que sigue de cerca cada pasada del corso de la alegría de Vaqueros.
Una obra donada que ya integra el patrimonio cultural salteño
Con el tiempo, el recorrido de La Mantis fue ampliándose más allá de su creación original. En agosto de dos mil veinticinco, integrantes de La Cofradía de La Mantis se vincularon con el colectivo cultural Juventudes Artistas Salteñas, con la intención de que la marioneta pasara a manos de esta organización. La donación se concretó en diciembre, durante la celebración por el segundo aniversario de Juventudes Artistas Salteñas.
En ese festejo, la obra fue formalmente entregada a su nuevo espacio de pertenencia en un encuentro que reunió música en vivo, candombe, una rueda de sikuris y una numerosa participación de vecinos. Desde entonces, el títere quedó bajo el cuidado de Juventudes Artistas Salteñas, cuyos integrantes lo consideran incorporado al patrimonio cultural del arte salteño y lo incluyen de manera activa en distintas actividades comunitarias.
En este marco, la presencia de La Mantis en el carnaval de Vaqueros se suma como una nueva intervención dentro del calendario cultural que impulsa el colectivo. Quienes organizan y sostienen la propuesta resaltan que no se trata solo de un muñeco de grandes dimensiones, sino de una experiencia que combina arte, reciclaje y trabajo conjunto entre artistas y vecinos, con el objetivo de embellecer los espacios y generar un clima festivo en los corsos.
De esta manera, el títere reciclado vuelve a recorrer las calles en el corso de la alegría de Vaqueros, integrado a las comparsas y al público que se acerca a disfrutar de las noches de carnaval.

