Joel, un adolescente de 13 años que vivió en el Hogar Escuela de Salta Capital, contó cómo la adopción realizada por dos de sus maestros cambió por completo su vida. Relató que esos docentes se transformaron en sus padres adoptivos y lo acompañaron en un momento clave: la visita al cementerio para despedirse de su mamá biológica y de su abuelo. La historia se conoció a través de una entrevista radial difundida este viernes.
El chico explicó que, después de que se concretó la adopción, su primer pedido fue poder ir al cementerio. Dijo que quería visitar las tumbas de su madre y de su abuelo, y que esa instancia tuvo un fuerte sentido personal porque, cuando su mamá falleció, no le permitieron despedirse. Para él, esa salida representó una forma de cerrar una etapa que había quedado pendiente.
Joel también recordó sus primeros días en el Hogar Escuela de Salta Capital. Comentó que llegó muy angustiado, sin entender bien qué pasaba y con un profundo sentimiento de abandono. En ese contexto, relató que fueron justamente sus maestros quienes lo contuvieron y le ofrecieron apoyo emocional desde el primer momento.
La llegada de Joel al hogar escuela y el rol de los maestros
Según reconstruyó Joel, su historia en la institución comenzó cuando una tía lo llevó al Hogar Escuela y lo dejó allí. El adolescente comentó que esa familiar no volvió a buscarlo y que, desde entonces, el hogar se convirtió en su lugar de residencia. Detalló que era un niño muy tímido y callado, y que le costaba relacionarse con los demás.
En medio de ese panorama, aseguró que nunca perdió el interés por seguir estudiando. Contó que se inscribió en la escuela primaria y que el aula fue el espacio donde conoció a quienes, con el tiempo, terminarían siendo sus padres adoptivos. “Mi papá era el profesor de folclore y mi mamá, mi profesora de lengua”, relató sobre esos docentes que primero fueron sus maestros y luego su familia.
El adolescente recordó que, al llegar al lugar, estaba desbordado por la tristeza. Relató que lloró sin parar y que, en ese momento, los educadores se acercaron para consolarlo. En la entrevista, rememoró las palabras de contención que le dieron: “Cuando llegué al lugar, lloré y lloré. Ellos me abrazaron y me dijeron: ‘Llore, hijo, saque todo lo que lleva adentro’”. Para Joel, ese gesto fue el inicio de un vínculo distinto con esos maestros.
A medida que pasaba el tiempo, el trato cotidiano en las clases y en las actividades escolares fue construyendo una confianza cada vez más fuerte. Joel destacó que encontraba en esos docentes una referencia afectiva estable, algo que hasta entonces no había tenido en su vida familiar.
Como se concreto la adopción y la escena frente al juez
Con el vínculo ya consolidado, los maestros tomaron una decisión clave: analizar seriamente la posibilidad de avanzar con la adopción de Joel. De acuerdo con el relato del adolescente, antes de iniciar los trámites judiciales, la pareja de docentes habló con sus propios hijos biológicos para conocer su opinión y asegurarse de que toda la familia estuviera de acuerdo.
Una vez que contaron con ese aval interno, comenzaron las gestiones legales. Joel recordó que el procedimiento fue avanzando hasta que llegó el día de la audiencia con el juez, instancia que describió como la parte más intensa de todo el proceso. Allí fue donde se enteró formalmente de que sus maestros pasarían a ser, también en términos legales, sus padres adoptivos.
El chico relató que fue citado a una reunión y que, al llegar, notó que sus profesores estaban presentes. En la entrevista, rememoró el diálogo con el magistrado, que le hizo una pregunta que marcaría ese momento: “El juez me dijo: ‘¿Viste quiénes están afuera?’, y yo le respondí que sí. Entonces me dijo: ‘Bueno, ellos son tus nuevos padres’”. Joel contó que, por la emoción, reaccionó sin medir movimientos: lo empujó sin querer y salió corriendo a abrazar a la pareja de docentes.
La despedida pendiente y el impacto emocional de la adopción
Ya con la adopción concretada, Joel expresó que pudo empezar a hablar de sentimientos que había guardado durante años. Comentó que, al confirmar que esos maestros eran ahora sus padres adoptivos, sintió un alivio profundo. “Lloré y saqué todo lo que tenía adentro”, resumió al recordar ese momento, que para él marcó un antes y un después.
El adolescente explicó que su pedido de ir al cementerio surgió después de un sueño en el que aparecía su abuelo. Señaló que, en ese sueño, algo le indicaba que ya podía ir a verlo. Por eso, apenas tuvo la contención de su nueva familia, planteó el deseo de visitar las tumbas de su mamá y de su abuelo. Contó que esa salida fue significativa porque, durante su permanencia en el Hogar Escuela, no había tenido la oportunidad de despedirse de su madre cuando murió, y consideró que esa visita le permitió cerrar una etapa de su historia personal.
Por su parte, la pareja de docentes que lo adoptó comentó en la misma entrevista que el trámite judicial de adopción no les resultó complejo. Señalaron que el proceso fue accesible y mencionaron que existen muchos chicos que, como Joel, ya superaron la primera infancia y siguen necesitando una familia que los acompañe. Indicaron que, en su experiencia, la adopción de un adolescente también puede concretarse sin mayores trabas legales.

