jueves, enero 22, 2026

A 20 años de la fuga de Torrico, el caso sigue marcado en la memoria salteña

A dos décadas de la fuga de Marcelo Alejandro Torrico del penal de Villa Las Rosas, ocurrida en Año Nuevo de 2006, el expediente sigue siendo uno de los más comentados en la ciudad de Salta. La evasión, protagonizada por el condenado por el crimen de los hermanos Leguina, incluyó el presunto rol clave de un guardiacárcel y un recorrido que terminó meses después en la estación de Retiro, en Buenos Aires, donde fue recapturado tras intentar robar un local de teléfonos celulares.

La noche de Año Nuevo en Villa Las Rosas y la fuga de Torrico

En la ciudad de Salta, el recuerdo de la fuga de Torrico del penal de Villa Las Rosas sigue presente. La evasión se produjo en plena celebración de Año Nuevo, el 1 de enero de 2006, cuando la mayoría de los salteños recibía el cambio de año y el clima festivo también se hacía sentir dentro del establecimiento penitenciario de la capital provincial.

Marcelo Alejandro Torrico estaba preso por el asesinato de los hermanos Octavio y Melani Leguina, un hecho que había causado un fuerte rechazo social entre los vecinos salteños. Compartía celda con Diego Enríquez, otro interno que, a diferencia de él, estaba cerca de cumplir su condena. Ambos se encontraban alojados en Villa Las Rosas cuando decidieron concretar la salida ilegal del penal durante esa madrugada.

En aquellos primeros días, la versión que circuló con más fuerza planteaba que los dos reclusos habían logrado la fuga escalando los muros del complejo carcelario. Esa idea se instaló como explicación principal durante bastante tiempo y se repitió en distintas reconstrucciones del caso tanto dentro como fuera de la ciudad de Salta.

Sin embargo, con el paso de los años se conoció otro relato del propio Torrico que modificó la mirada sobre cómo se había concretado la evasión. De acuerdo con lo que luego contó el condenado, él no habría trepado ningún paredón, sino que habría salido por el sector de acceso principal del penal, aprovechando que un agente penitenciario retiró el candado de la puerta de entrada del pabellón.

Según esa descripción, la fuga de Torrico se habría dado como una salida directa, sin persecuciones inmediatas ni alarmas disparadas, lo que colocó bajo la lupa la actuación de personal de custodia que estaba de servicio en la noche del 31 de diciembre. Ese aspecto fue uno de los puntos que más llamaron la atención dentro del sistema carcelario salteño.

El guardiacárcel señalado en la causa, conocido por el apodo de “el amigo”, quedó asociado a esta secuencia. De acuerdo con lo que se reconstruyó después, esa persona habría recibido dinero en efectivo, televisores y una moto como forma de pago por colaborar en el plan, elementos que fueron mencionados en la investigación como posibles beneficios entregados para facilitar la evasión desde el interior del penal.

Del penal al barrio Santa Ana y el viaje a Buenos Aires

Tras la salida de la celda, Torrico y Enríquez se desplazaron primero por los pasillos internos del penal y luego hacia los techos del establecimiento. A partir de allí, completaron el recorrido que los dejó fuera de Villa Las Rosas, en las afueras de la ciudad de Salta. Esa parte del operativo, reconstruida en los expedientes, marcó el último tramo de la evasión dentro del perímetro carcelario.

Una vez afuera, el punto de destino inmediato fue el barrio Santa Ana, también en la capital provincial. En ese lugar, Torrico mantenía una relación de pareja y allí se refugiaron en las horas siguientes a la escapatoria. En ese domicilio juntaron ropa, objetos personales y lo necesario para continuar su huida hacia otra provincia.

Completado ese paso por Santa Ana, los dos prófugos emprendieron viaje en dirección a Buenos Aires. Con el correr de los días, ya lejos de la ciudad de Salta, comenzaron a circular distintas hipótesis sobre los posibles movimientos de Torrico y Enríquez, mientras en la capital provincial se fortalecían los operativos de búsqueda y la noticia ganaba espacio en los medios locales y nacionales.

La situación generó una conmoción particular porque Torrico estaba condenado por el homicidio de Octavio y Melani Leguina, hermanos que asistían a La Casita de Belén, un espacio solidario del barrio San José donde se brindaba comida y merienda a chicos en situación de necesidad. Ese antecedente del caso Leguina incrementó el rechazo social hacia el prófugo, especialmente entre los vecinos salteños que seguían de cerca la causa.

La reacción pública se alimentó de la sensación de que se había quebrado un límite muy sensible, dado el perfil de las víctimas y el contexto solidario en el que se movían. Mientras tanto, en la ciudad de Salta se mantenían las tareas de rastreo y el tema se instalaba como uno de los expedientes policiales más comentados de esos años.

Con Torrico aún en paradero desconocido, se lanzó un amplio dispositivo de búsqueda a nivel nacional. Se anunció una recompensa de 50 mil pesos para quienes dieran datos concretos sobre su ubicación, lo que amplificó la difusión del caso. Durante casi ocho meses, el nombre de Torrico circuló como uno de los más buscados del país.

La captura y el regreso a Salta

El recorrido de los dos hombres fuera de Salta concluyó finalmente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Allí, la Policía Federal logró localizarlos en la estación de Retiro, un punto de gran movimiento de pasajeros y comercios. En ese lugar se produjo la detención, que cerró el capítulo de la fuga a nivel operativo.

En el caso puntual de Torrico, su recaptura se concretó a fines de agosto de 2006, cuando fue sorprendido en el interior de un local de venta de teléfonos celulares dentro de la terminal de Retiro. Luego del procedimiento policial, se dispuso su traslado inmediato hacia la ciudad de Salta en un avión provincial preparado especialmente para retornarlo al penal de Villa Las Rosas.

Tras la captura, comenzaron a conocerse detalles sobre las horas posteriores al arresto y sobre cómo se organizó el viaje de vuelta a la capital salteña. En una entrevista concedida algo más de un año después en el programa televisivo “Somos la Mañana”, el licenciado en seguridad Vicente Cordeyro, exdirector de investigación de la policía y antiguo custodio de Torrico, recordó un momento puntual del operativo.

Según relató Cordeyro, “cuando le quitaron las esposas, Torrico se abalanzó, abrazó y agradeció. Dijo que en la cárcel debía favores y que temía ser asesinado”. Esa declaración quedó registrada como uno de los testimonios más directos sobre lo que expresó el condenado en el marco de su regreso a la ciudad de Salta tras la fuga.